Una madre nunca olvida: Araceli Salcedo continúa la búsqueda de su hija Rubí.

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#HastaEncontrarla

El 7 de septiembre de 2012, Fernanda Rubí fue secuestrada en Orizaba, en el Estado de Veracruz. La joven se encontraba en un bar con sus amigos cuando personas vestidas de civiles irrumpieron en el lugar y se la llevaron. Hasta este día, su madre Araceli Salcedo Jiménez no ha dejado de buscarla.

En palabras de su madre, Rubí fue desaparecida en una temporalidad en la que parecía que nada ocurría en Veracruz, en la que la ola de violencia y desapariciones que azota a México desde las guerra contra los cárteles del narcotráfico todavía no destrozaba familias enteras ni dejaba un regadero de fosas clandestinas a su paso.

Cuando Rubí fue desaparecida, Araceli no sabía qué hacer ni supo a quién recurrir. Con el paso de los años, y con la tenacidad de una madre que jamás se dará por vencida, comenzó a buscarla en cada rincón de Veracruz, en cada fosa y en cada rancho. Esta lucha no se ha detenido, sino que se ha vuelto gigante, sumando nuevas familias y mujeres que también buscan a sus hijos e hijas desaparecidas.

Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde la desaparición de Rubí. El largo camino de Araceli en la búsqueda de su hija la puso de frente con el paso del tiempo. Durante la pandemia, perdió a su hermana Verónica y se convirtió en abuela pero sin dejar de buscar a su hija ¿Quién es la mujer detrás de la defensora de derechos humanos? Conversamos con Araceli para saber que siente tener una hija desaparecida y cómo vive una madre buscadora.

Por Carla Torres* / @calissnm / @madre.coraje

Foto portada: Daniel Gm.

Fernanda Rubí, a través de la mirada de su madre

“Rubí es muy linda. Es muy risueña y es muy confiada. Ella ama a sus hermanos, su casa y a mí”. La joven tenía 21 años cuando fue desaparecida en el bar “El Bulldog”, en Orizaba, Veracruz, el 7 de septiembre de 2012.

Los recuerdos de una niñez y juventud de su hija junto a sus dos hermanos alimentan los recuerdos y el corazón de Araceli. A Fernanda Rubí le gustaba mucho cocinar, aunque no siempre los resultados fueran los esperados. Rubí trabajó en un restaurante llamado “Las Brasas”, donde la querían mucho. Llegaba a su casa ansiosa de compartir las anécdotas del día con su madre, y también probar algunas recetas aprendidas en su oficio.

“Cuando ella hizo su primer flan, se le quemó. Nos dijo a todos que nos iba a preparar uno, y entonces ese día todos comimos flan. Nos preguntó cómo salió y sus hermanos le dijeron que estaba muy rico. Ella se va a la cocina y su hermano más chico me pregunta si en verdad el flan no estaba quemado. Luego de la comida, Rubí me pidió que le dijera si en verdad se había quemado y yo le dije que sí, pero que no importaba, porque el próximo le saldría mejor”.

Como muchas familias en México, la familia de Rubí se encuentra atravesada por el peso de su ausencia. Rubí no es sola una joven desaparecida, sino que también se convirtió en la tía preferida de sus sobrinos que sostienen su foto como bandera de la memoria, y conocen palmo a palmo la injusticia de su desaparición. Piensan en ella, la sienten cerca, arman juegos imaginarios y la nombran a diario cuando regresan de la escuela.

Durante la entrevista, Araceli evoca un cumpleaños especial:

“Yo siempre le decía que era bruja, porque soy del 13 de Octubre, porque venía el aquelarre. Entonces Rubí, en mi último cumpleaños antes de que todo esto pasara, cuando yo llego a casa de trabajar, ella estaba allí con todas las luces apagadas. De repente prende la luz y veo una telaraña gigante colgada, y que mi pastel tenía una brujita encima de la vela. Ella me decía que yo era su bruja, y hoy tengo dos nietos que me preguntan si de verdad lo soy”.

Enfrentar una nueva realidad

“Tener una hija desaparecida es morirse en vida. Ya no vives, sino que sobrevives a toda esta situación. Yo no sabía qué hacer, ni a dónde ir, ni a quién acudir”.

Fernanda Rubí fue desaparecida del bar “El Bulldog”, pero quienes irrumpieron en el bar no se llevaron pertenencias personales ni a ninguno de sus otros amigos que estaban con ella, sólo a Rubí. Araceli salió a buscarla junto a Alexis y Giovani, sus hijos y hermanos de Rubí. La primera respuesta de la policía no sólo fue el maltrato, sino culpar a la víctima de su propio secuestro: “Me trataron mal y me dijeron que mi hija andaba de borracha, que andaba de fiesta o se había ido con un hombre por dinero”. Araceli tampoco obtuvo respuesta en los hospitales que visitó ni en las oficinas de la Cruz Roja. El día que se llevaron a Rubí, desaparecieron de Orizaba otros siete hombres y dos mujeres.

En la actualidad, más de 100 mil personas se encuentran desaparecidas en México, de las cuales el 24,7% corresponden a mujeres, jóvenes y niñas, según un diagnóstico elaborado por el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD). En octubre de 2022, ZonaDocs publicó un análisis de este diagnóstico, en el que se destaca que Puebla, Veracruz, Guerrero, Nuevo León, Ciudad de México, Estado de México, Colima y Jalisco concentran el 56,13% de las desapariciones en el país. Además, el análisis señala que las mujeres, jóvenes y niñas de entre 15 y 19 años son las más vulnerables a ser víctimas de una desaparición forzada.

Correspondiente a la visión patriarcal, las autoridades retrasan la decisión de comenzar una búsqueda o aceptar una denuncia con el pretexto de que las mujeres se han ido por voluntad propia, justificando su desaparición con un falso abanico de motivos que sólo se miden con una moral inventada por los hombres: malas madres, malas esposas, despechadas, interesadas solo en el dinero o en fiestas. La Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia entró en vigor hace 16 años, pero este marco jurídico no ha sido suficiente para proteger a las mujeres.

Pese a los obstáculos, Araceli salió a buscar a su hija, decidida a no dejarse vencer:

“Me paraba la policía, y como no tenía un permiso, me arrancaban mi flyers y los rompían delante mío. Cuando quise poner una lona, me dijeron que me darían permiso mientras me cobraban mil pesos mexicanos”.

Pero el secuestro de Rubí no es la única realidad a la que Araceli se enfrenta hace 20 años. En la cotidianidad de la ausencia de su hija, Araceli ha encontrado formas de mitigar el dolor, aunque sea de forma momentánea. Conversando sobre como la habitación de Rubí se mantiene aún en pie durante esta entrevista, Araceli confirma que se aferra al amor de su hija todos los días:

“Yo me aferro al amor que le tengo. Hablo con ella todos los días, en la casa hay muchas fotos de Rubí. Si subo a la recamara, le digo buenas noches y nos vemos mañana. Si estoy en el comedor, está presente su foto porque yo vivo sola. Entonces cuando estoy allí, comiendo sola, la veo y la regaño, le dije dónde estás, ¿porque no me dejas encontrarte? Ya son muchos años”.

“Mis hijos llegaron a preocuparse, porque decía que yo hablaba sola y en una ocasión los escuché y uno de ellos decía que yo no estaba bien. Pero les dije la verdad, que a mí no me pasaba nada, que me dejaran hablar con Rubí todos los días porque yo creo firmemente en las energías. Mi energía de amor, Rubí la recibe todos los días”.

Rubí (Foto: Familia Salcedo).

Rubí, la hija de muchas madres

El caso de Rubí fue un parteaguas para muchas familias en la búsqueda de justicia y de sus seres queridos en Veracruz y en México. Ante la inoperancia de las autoridades, Araceli decidió salir a buscar a otras madres que tuvieran una hija o hijo desaparecido. Cuando todo comenzó, el Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba eran apenas cuatro madres que comenzaron a desandar el camino de la resignación. Con el tiempo, se sumaron otras familias y Araceli comenzó a viajar dentro del país promoviendo el trabajo de la organización.

“Al principio, a mí me quisieron hacer sentir como si yo hubiese sido una mala madre, como que a lo mejor yo vendía drogas. La gente en la zona donde vivíamos no quería ni abrir la puerta de su casa para hablar conmigo. La familia se aleja de ti, te dejan sola. Yo les llamo falsos amigos”.

Un día, Araceli despertó: “Cuando yo me pregunté, qué estás haciendo por Rubí, ella te necesita, ahí siento que hay una Araceli antes y una después”.

Con el paso de los meses y las noticias que aterrizaban en los medios de comunicación, ya se comenzaba a hablar de “las madres de los desaparecidos”. Con la creación del Colectivo, Araceli dio otro paso crucial y estableció una denuncia por la desaparición de su hija a nivel federal. Mientras sus otros dos hijos varones despuntaban la adolescencia, Araceli les pidió que siguieran apoyando en su búsqueda:

“Yo tenía miedo de alzar la voz, todo ese miedo que tenía y me paraliza se transformó en la fuerza para seguir luchando día a día por Rubí, y por todas las personas que de alguna manera confían más en mí que en una propia autoridad”.

En 2016, el día del medio ambiente, Araceli confrontó públicamente al ex gobernador Javier Duarte de Ochoa durante un acto en la ciudad de Córdoba en Veracruz. Alrededor de 8 madres que pretendían ir a ver su evento, llevaban debajo de su ropa playeras bordadas con las caras de sus hijos debajo. Una persona en la organización del evento las ayudó a colocar los carteles y las lonas:

“Cuando entramos al evento, todo estaba muy tranquilo, pero cuando él sube al estrado, todas nos pusimos de pie y lo encaramos. Cierro los ojos y aun puedo escuchar los murmullos de la gente preguntando porque le arruinamos el evento al gobernador, y que esto no era culpa de él. En mi pensamiento, yo me pregunto cuántas de esas personas que nos señalaron tan cruelmente en ese evento, han vivido un secuestro, una desaparición o algo más grande”.

Pero como en muchos otros países de América Latina, la sororidad de las mujeres y la solidaridad de los colectivos traspasan fronteras. En la actualidad, el Equipo de Antropología Forense Argentino- reconocido por su trabajo de identificar los restos de oponentes políticos desaparecidos durante la dictadura militar- brinda entrenamiento a las madres de los desaparecidos que siguen pistas y trabajan en la apertura de fosas clandestinas buscando dar con el paradero de sus seres queridos. 

“Hemos creado muchas alianzas. Yo digo que tengo una familia de dolor, una familia con la cual río, lloro, grito o bailo con ellos. No soy criticada, no soy señalada, porque viven la misma realidad que yo. No hay día en que no nos reunamos para hablar de la siguiente búsqueda, de cómo vamos a trabajar, o qué herramientas vamos a llevar”.

En las búsquedas, y en la inexorable realidad de tener que abrir fosas clandestinas con sus propias manos, las madres del Colectivo de Orizaba que hoy cuenta con más de 360 familias, también han denunciado irregularidades por parte de los peritos que trabajan en los sitios marcados: 

“A veces vas a una búsqueda y ves al perito fumando dentro del área donde van a hacer la recuperación de un cuerpo”. 

En 2022, el Colectivo ha logrado recuperar 22 cuerpos y el trabajo continuará en 2023 a paso firme.

Foto: Universidad Iberoamericana.

Un mensaje para Rubí

Araceli Salcedo sabe que a su hija la entregaron en un rancho porque cuando se la llevaron del bar “El Bulldog”, una persona que sabía lo que iba ocurrir hizo declaraciones y dio los nombres de las personas involucradas- siendo uno de ellos un jefe de plaza que actualmente se encuentra detenido y no ha querido declarar. Araceli ha intentado numerosas veces ingresar al penal para confrontarlo, pero no lo ha conseguido.

“Son tantas cosas indignantes para nosotras, como madres, porque creo que hacemos bastante desde asesorar a familias hasta localizar los cuerpos y los campos de exterminio” sostiene Araceli.

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Araceli Salcedo Jiménez tiene 50 años. Vive en Orizaba, Veracruz. Es hija de Josefina y Fernando. Tiene dos hermanas, aunque una de ellas, Verónica, falleció en la pandemia. Araceli es oriunda del estado de Chihuahua y tuvo una infancia feliz. Su pasatiempo preferido era jugar al básquet. Antes de las fosas clandestinas, de las búsquedas incesantes, de la rabia por la injusticia y de días y noches junto a otras madres buscadoras, Araceli y Rubí eran madre e hija como cualquier otra. 

A 20 años de la desaparición de Rubí, Araceli tiene un mensaje para su hija:

“Le diría que sea fuerte. Ha pasado mucho tiempo. Que sepa que tiene una madre que la ama, la extraña y que no ha dejado de buscarla un solo día. Que tiene unos sobrinos que no la conocen físicamente pero sí la conocen por fotos, y sus sobrinos también salen a exigir por ella”.

El Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba publica sus búsquedas actuales en su pagina de Facebook en este link. Para escuchar la entrevista completa a Araceli, visita Spotify haciendo click en este link.

Mural en honor a Rubí (Foto: Familia Salcedo).

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Madre Coraje es un podcast narrativo que pretende dar a conocer el trabajo de las Madres buscadoras en México, producido por Carla Torres. Aquí puedes escuchar la entrevista sonora con Araceli Salcedo. 

*Carla Torres es argentina y realizó una maestría en derechos humanos aplicados en Inglaterra. Tiene experiencia trabajando con familiares de víctimas de desapariciones forzadas en Argentina y actualmente colabora con Amnistía Internacional en UK.

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