Un bosque handmade de once mil árboles: ¿El arte podría comunicar mejor que el periodismo?

DOXA

Por Joaquín Arteaga Sánchez / @fuerzacalma 

A propósito del cambio climático, artistas e instituciones de todo el mundo se han ocupado y preocupado por atender este asunto tan alarmante. Uno de los que me parecen más impresionantes es la obra “Montaña de árboles” de la artista y activista Agnes Denes, en donde se plantaron once mil árboles en colaboración con el gobierno de Finlandia y miles de patrocinadores.

La artista finlandesa planeó por años la gestión de este proyecto y prevé que se concluya dentro de 400 años. Como lo afirma la misma artista en su página, el proyecto es un esfuerzo por moldear el futuro y está dirigido a futuras generaciones.

Esta pieza me parece potente para pensar la pregunta con la que inicia este artículo, porque apunta de manera sencilla la recepción de la obra a partir de la afectación que provoca en el espectador. Es simple explicar por qué el cambio climático nos atraviesa a todos.

Yo creo que esta sencillez está ligada a la condición planetaria que nos sujeta, sin planeta. ¿Dónde podríamos existir? En este sentido, la obra de Agnes Denes cumple con priorizar la recepción de la audiencia de una manera distinta a la del periodismo tradicional y las investigaciones académicas sobre esta misma problemática.

La pieza “Montaña de árboles” exalta lo emotivo, se formuló en una década en la que las discusiones sobre el cambio climático aún consideraban este tema como algo reversible.

En este contexto, la realización o plantación del bosque convoca a participar patrocinando un árbol y, después, ganarse la insignia de Guardián del bosque. Sin duda, es un panorama distinto al actual. Casi treinta años han pasado de los 400 que el proyecto necesita para poder constituirse como bosque. Sin embargo, el cambio climático no se ha ido, las expectativas de revertirlo que se leen entre líneas en la montaña de árboles parecen que se van haciendo cada vez más distantes.

Reitero que la urgencia de atender las consecuencias del cambio climático no ha desaparecido. En el campo del arte, estos esfuerzos han cobrado fuerza. Muestra de ello es la decisión que asumió la Bienal de Venecia desde su edición en 2021 de incluir una perspectiva de sustentabilidad ambiental en todos sus eventos y perseguir la meta de alcanzar una emisión neutral de carbono.

En mi opinión, los esfuerzos de artistas e instituciones del arte reaccionan igual que en cualquier otro campo. La obra “Montaña de árboles” es un ejemplo de cómo el arte puede aportar valiosas estrategias para visibilizar una problemática social, pero también es un ejemplo de cómo el arte puede abordar de manera superficial las causas y los sujetos responsables de estas mismas causas.

La comunicación de problemáticas sociales desde las prácticas artísticas, en ocasiones, prioriza un discurso en donde, con la intención de ganar en los modos de recepción de la obra, se obvian discusiones complejas sobre los actores e intereses políticos que sostienen estas mismas problemáticas.

Es habitual encontrarse con esta instrumentalización del arte que apunta a una “democratización” de las responsabilidades sobre el cambio climático. A diferencia de lo que ocurre en los esfuerzos serios en el campo del periodismo, problemáticas sociales como el cambio climático pueden ser una excusa para obtener recursos y ganar visibilidad en los debates académicos actuales.

Referencias:

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DOXA MCC es una columna de opinión de la generación 2021-2023 de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO. 

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