Hagamos camino de construcción de paces

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Manos Libres

Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X) /@FranciscoMacias (TG)

Hussam Abdulhaldi vende rosas en la franja de Gaza, sitio que representa actualmente una derrota más a nuestro sentido de humanidad. Él, sin embargo, prefiere optar por las rosas que representan algo significativo para los demás, quizás esperanza o un consuelo que se muestra difícil ante la desolación. Oportunidad de pensar y desear un futuro donde la muerte ya no tenga lugar (ver nota de El País).

Me hizo recordar muchas de nuestras vivencias actuales con una gran carga de distintos tipos de violencia, desde la explícita con presencia cada vez más constante de crímenes atroces, desplazamientos de comunidades como en Santa María del Oro, desapariciones de personas y homicidios.

Violencias estructurales reflejadas en distintas situaciones de desigualdad que terminan en pobreza alimentaria, carencias en condiciones de vida o de mínimas condiciones de sobrevivencia que obliga a optar por la calle como último recurso.

El aspecto cultural no se queda atrás, hoy tan fomentado por el discurso partidista y la lucha por el poder, las narrativas donde tiene que existir un “enemigo” responsable del mal que nos ocurre y la falta de diálogo en torno a las responsabilidades.

El primer sentimiento es el de sentirnos abrumados y derrotados, con un miedo que termina en una frustración que inunda redes, conversaciones y dinámicas de más violencia, lo cual genera ganancias para quienes tienen el poder, porque no hay mejor manera de tener control que una sociedad con cuerpos tristes (Claire de Mezerville)

Hassam me hizo recordar que como seres humanos siempre hemos tenido presente a la paz antes que las violencias en nuestro desarrollo, reflejada en la colaboración, la interdependencia, la interconexión, la solidaridad, la empatía, los cuidados y el diálogo

Que más bien cuando fue surgiendo la voz y la generalización de las violencias, hubo necesidad de plantear otros caminos para resistir, reforzar y oponerse al origen de estas, las cuales se encuentran en nuestra mente y actitudes.

Se tuvo que hablar de lo que está visible y lo que no, de los riesgos y de aquellas condiciones de desarrollo que impulsa la paz y a las condiciones de vida de las personas, hasta darnos cuenta de que la paz existe y que es necesario recuperar sus propios signos, voces, acciones que se dan en lo cotidiano, muchas de las veces sin tanto ruido.

La docente que trabaja con la niñez y que utiliza a las herramientas de la cultura y los entornos naturales como una gran aula sintiente, colectivas feministas que colectan cabello para intentar intervenir la contaminación de un río, las que realizan círculos para escucharse y reiterarse que no están solas, las y los jóvenes que pintan murales y suben monumentos para protestar por las guerras.

Comunidades confrontadas que se unen en una oración conjunta y pactan sostener la vida independientemente de los bandos, los que sumen la ruta de la reconciliación para trabajar en ellos e impactar en las demás personas; quienes deciden aceptar su ofensa y realizan intentos de restaurar lo dañado, los que dialogan, median y posponen la violencia conflictiva.

Los colectivos de familiares de desaparecidos que hacen visible, denuncian y nos llaman a la solidaridad y a renunciar a las violencias, medios de comunicación como @ZonaDocs que recuperan a diario la agenda de esperanza para darnos cuenta de que la paz es posible.

Aunque la apuesta es caminar en una paz imperfecta (Francisco A. Moreno), busquemos hacer memoria de nuestros propios pazos en su construcción, al evitar las únicas versiones en blanco y negro, para dar paso al “justo medio” y al “tanto cuanto” para imaginar de lo que deseamos y somos capaces a diario.

Que seamos un Hassam sembrando flores de esperanza.

PD Mi solidaridad con las y los jóvenes detenidos por la Policía de Guadalajara por pintar un mural de protesta por la gravísima situación humanitaria de Palestina. El derecho a la protesta existe, aunque quiera reducirse a un daño a una propiedad privada. 

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