La importancia de hacer memoria (Parte III)

Crónica
Esta es la tercera de una serie de crónicas en las que el autor nos lleva a cuestionar la realidad de nuestro estado. Una realidad que, a pesar de la negativa gubernamental, se presenta violenta, pero también esperanzadora por la lucha digna que dan quienes apuestan por la memoria.

Por Orestes

Los jóvenes por delante

Jalisco no cuida a sus jóvenes. Para asimilar la afirmación regresemos a las aulas donde hemos estudiado: 

Sus largas filas de escritorios y sillas, la pizarra que las precede y tanta luz que se permitía entrar a través de los amplios ventanales que flanqueaban el salón cuya capacidad aproximada suele ser de 30 alumnos. Orestes recuerda a su grupo completo en la primaria “el grupo A de aplicados”; así como a su generación universitaria conformada por 20 personas cuya aula generalmente tenía diez espacios sobrantes.

Aprovechando el aula, enfrenta la siguiente operación, con el objetivo de dimensionar de forma cercana una cifra estrujante: en 2023 fueron asesinados 2 mil 95 jóvenes en México, es decir, más de 69 de esas aulas en donde estudiamos, todas llenas.

Pero un homicidio no produce una sola víctima, no es tan sencillo como el conteo de un sujeto que dejó de vivir, el homicidio resulta algo tan abominable que produce círculos concéntricos de dolor. Muere un joven y con él mucha de la vida de sus padres, hermanos, amigos, parejas. 

Quiénes han vivido la pérdida de un ser amado han sentido desde el centro de su propio eje como la Tierra se detiene de golpe, frenado violento que deja pasmado y arde como la reacción congelada y absorta que sucede a la bofetada, una bofetada al cuerpo entero y que somete, mientras hiere y corta la mente en cachitos: desgaja afilada y limpiamente recuerdos, porvenires y la noción misma del hogar, de cada hogar roto y violado. Estudios y análisis sobre el impacto de la violencia letal sugieren un promedio de 5 a 10 personas afectadas por la pérdida de una vida.

Las 2 mil 095 víctimas en 2023 se multiplican y Orestes asume que hacerlo ya no sólo es justo, es necesario y útil al considerar la pérdida social, la herida emocional. 

Asumiendo, por lo bajo, que la vida de cinco personas es destrozada por el homicidio de cada menor de edad, la verdad daría un aproximado de 10 mil 475 víctimas que llenarían 349 aulas dantescas: “Imagen dolorosa como tensa, imposible elevar la mirada ahí, y es que son tantas lágrimas y sangre”.

Integremos mejor y pensemos que esas cifras refieren a cadáveres de jóvenes, aún sin arruga alguna, piel aún luminosa y fuerte porque era gruesa. Cuerpos de muchachos que no verán todo lo que está por venir: años, momentos. Las respiraciones y latidos de los que fueron privados sus cuerpos. También se pierde una identidad, la presencia del hermano, el hijo o el padre; sus esperanzas y toda la luz que aún les correspondía ver. Se adeudan años de vida, la vida en sí misma, pues ahora son cadáveres.

Cuerpos muertos justo en la etapa en la que brota la vida y sus colores por todas direcciones, de 20 a 29 años, el momento en el que las frutas son más dulces y las flores se colman de sí al abrirse como labios firmes de jóvenes. La etapa en la que se irradia optimismo con la energía que se convierte en aspiraciones, espíritu, revolución, amor, hambre de hacer y saber, esperanzas, ahora son cuerpos muertos. 

La sombra agazapada sobre los jóvenes de ahora ya estuvo sobre los de ayer, y es susceptible al rastreo que nos hace caer en cuenta de su perpetuación en la última década. En 2013 los jóvenes fueron carne para lobos, en 2023 igual: 

¿De qué morían los jóvenes hace 10 años en el país donde mataron a seis menores diarios en 2023? Homicidio doloso, eso ofreció su entorno a jóvenes de 18 a 29 años. Homicidio doloso, entonces como ahora. 

Cada que puede Orestes se lanza sobre la opinión de paramédicos, enfermeros, reporteros de la fuente de seguridad, bomberos y dependientes de funerarias a quienes les pregunta cuál es la pastilla más difícil de tragar, en estos trabajos de por sí difíciles. Hasta ahora la respuesta no ha variado, todas las voces responden homologadas: 

“Los jóvenes. Son los niños, los menores”. 

Los cuerpos inocentes y tendidos, las familias enloquecidas de dolor. Cuando se trata de niños, el frío es más frío para los paramédicos y enfermeros cuando finalmente resuelven que el trabajo ha terminado; si se trata de jóvenes, los gritos de la familia hacen un sonido igualito al que produce una fractura, ruido que no es descrito en el guión del reportero o la bitácora del bombero pero ellos vuelven a escucharlo mientras redactan por la madrugada.

Según datos del INEGI, en 2020 hubo 69 menores de edad muertos por una agresión en Jalisco. El Área Metropolitana de Guadalajara es la zona que concentró el mayor número de homicidios de menores de edad, seguida por la región Altos Norte.

De acuerdo con los datos consultados, Tlajomulco de Zúñiga es el municipio que encabezó los casos de muertes violentas de niñas, niños y adolescentes, con nueve. Le siguieron Guadalajara y Tlaquepaque, con ocho cada uno, Zapopan y Tonalá acumularon siete, El Salto dos y un caso en Juanacatlán.

Mientras que en Altos Norte, Lagos de Moreno sumó ocho casos; cinco en Encarnación de Diaz y uno en Ojuelos.

El 4 de febrero de 2022, el joven de 16 años de edad, Eduardo Salomón, salvó a sus hermanos cuando los escondió de tres tipos armados que confundieron y allanaron su domicilio en la colonia Los Fresnos 2 de Tlajomulco. Los sicarios se llevaron a Eduardo y luego le quitaron la vida. 

La muerte de “Lalo” posee tantos matices que estremece en distintas capas, pues es fácil visualizar esa noche a los tres menores solos en casa, la camioneta RAM que se estaciona en la calle Circuito Bambú, los tres sujetos armados que descienden y se aproximan al domicilio erróneo.

Es posible sentir el miedo de los pequeños al percatarse que intentan entrar por la fuerza, la desesperación de Eduardo Salomón al llamar a su papá. En esos momentos Lalo teme igual que sus hermanitos pero es el mayor en casa, rápidamente improvisa la defensa, ya no la del hogar por que la puerta cederá ante la fuerza de los que están del otro lado. Eduardo Salomón se vuelca sobre sus hermanos y los esconde en el baño.

Los criminales sólo capturan a Eduardo Salomón. Su padre llora en la marcha que exige su regreso y promete a los criminales no emprender acciones legales si le devuelven a su muchacho, pero Eduardo es localizado sin vida días después, en una casa de seguridad en la cabecera municipal de Tlajomulco.

Del 1 de enero al 9 de octubre de 2023, Jalisco acumuló 20 asesinatos de niños, niñas y adolescentes, 16 de ellos fallecieron a causa de heridas ocasionadas por armas de fuego. Los cuatro restantes murieron lesionados por objetos punzocortantes. 

Jóvenes se los llevan 

En cuatro años y medio de la administración de Enrique Alfaro aumentaron al doble las denuncias por desaparición de personas menores de edad en Jalisco, en comparación con todo el sexenio de Aristóteles Sandoval.

Entre 2013 y 2018, en la gestión del ex gobernador priista se presentaron ante el Ministerio Público mil 222 denuncias al respecto. Sin embargo, entre 2019 y el 27 de mayo de 2023 sumaron tres mil 105 carpetas de investigación, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

La administración actual también registra un récord en desapariciones de personas de entre 20 y 29 años.

Tres adultos y dos menores regresaban de vacaciones cuando policías de Acatic los interceptaron y entregaron a un grupo criminal el 24 de marzo de 2020, según las investigaciones.

El 18 de julio de 2020, desapareció un grupo de 20 personas en Puerto Vallarta y la Fiscalía reconoció el caso hasta una semana después. Posteriormente las autoridades informaron que las víctimas volvieron a sus hogares, según testimonios de familiares.

Los tres hermanos González Moreno fueron sustraídos a la fuerza de su casa en la colonia San Andrés, Guadalajara, el 7 de mayo de 2021 y localizados sin vida dos días después en San Cristóbal de la Barranca.

Igualmente las hermanas Daniela y Viviana Márquez, su prima Irma Paola Vargas y el prometido de Daniela, José Melesio Gutiérrez, quienes desaparecieron el 25 de diciembre y sus cuerpos fueron localizados el 19 de enero en Zacatecas.

Durante un operativo de la Fiscalía, el 15 de junio de 2020 en Ajijic, ocho personas que eran retenidas en una finca, fueron rescatadas. Sus familias denunciaron la desaparición y marcharon en Chapala por su regreso.

¿Hay algo más estremecedor que sufrir un levantón? Sí, que el Estado no reconozca que es un problema.

La vida de los jóvenes, como sector más vulnerable, ha sufrido modificaciones en detrimento a su percepción de seguridad, prácticas sociales, además de la reducción de sus márgenes de libertad, obligados a un perpetuo estado localizable que les exige reportar salida, retardos, cambio de rumbo o planes, incluso compartir su ubicación en tiempo real o portar apps de rastreo.

Se trata de sencillas modificaciones que hacen palidecer las estrategias de seguridad en los trabajos de investigación, datos y búsqueda de respuestas que deberían hacer las autoridades para saber las razones por las que los jóvenes se han vuelto el estándar del crimen organizado pero no se hacen.

Trata

Distintos académicos desconfían tanto de las prioridades gubernamentales respecto a esta problemática, que se han planteado la posibilidad de que la estrechez de las investigaciones oficiales corresponda a la estrategia de invisibilizar el fenómeno de la desaparición forzada. 

Resulta difícil creer que en las investigaciones por desaparición que se llevan a cabo en otros países, suelen contemplar la posibilidad de la presunción de trata de personas, además de perfilar a qué tipo de trata pudo haber sido sometida la víctima; mientras que en México y Jalisco, con años de padecer el fenómeno, los informes siguen sin desarrollar las líneas suficientes que podrían apuntar a críemenes de trata con base en la incidencia o recurrencia de las desapariciones denucniadas. 

Agresiones por violencia física, psicológica, así como abandono o negligencia, llevaron a mil 499 niñas, niños o adolescentes a recibir atención hospitalaria en Jalisco, durante 2020. 

En tanto, Jalisco es el cuarto estado del pais con mayor número de niñas, niños y adolescentes atendidos en hospitales por violencia sexual. Siendo las mujeres las más afectadas por este tipo de violencia en un 83 por ciento del total de menores de edad en la entidad.

La trata de personas aumenta y la asociación “Fin a la Esclavitud”  estima que el 57 por ciento de la población mexicana está en riesgo de ser víctimas de este delito, muchas luego de ser atraídas con ofertas laborales falsas.

Cifras del Secretariado de Seguridad Pública revelan que mil 808 personas de 0 a 17 años fueron víctimas de trata en México, entre enero de 2015 y junio de 2022. Pero la cifra puede ser mayor, pues las estadísticas reales se difuminan ante la sombra del crimen organizado de México que se ha inmiscuido en este delito.

En Jalisco  existen tres lugares ‘foco rojo’ en tema de trata de personas: Puerto VaIlarta, Chapala y la Zona Metropolitana de Guadalajara.

En 2022, la CEDHJ recibió mil 608 quejas de infantes que vieron vulnerados sus derechos, es decir, casi siete veces más que las 242 quejas recibidas en 2021.

Del total de quejas presentadas en 2022, el grueso fueron dirigidas a la Secretaría de Educación Jalisco. Ese año se emitió una recomendación dirigida a la SEJ,  que documenta un caso de abuso sexual infantil ocurrido en una secundaria de Autlán de Navarro, por parte del profesor de educación física en 2020.

Agresión que además fue conocida por más personal docente y directivos del plantel, e incluso una inspectora de la Secretaría de Educación Jalisco, sin que hayan notificado a ninguna otra autoridad. Tampoco hicieron nada para proteger la integridad física y psicológica de la adolescente agraviada, según el documento emitido por la CEDHJ.

Salud Mental

No es fortuito que esta atmósfera enrarecida propicie legiones de jóvenes con endeble salud y estabilidad mental. 

La Universidad de Guadalajara ha reportado entre sus estudiantes el incremento de casos de depresión en 200 por ciento con riesgos suicidas, acentuando que no hay profesionales de la salud mental suficientes para brindar una atención pública.

Durante 2022 en Jalisco se registraron 654 suicidios, eventos que han mantenido un incremento constante los últimos años. En 2021, la mayoría de casos se concentró en personas de 25 a 29 años.

En Jalisco no existe un sistema de atención especializado para menores de edad, lo que provoca saturación en el servicio de Paidopsiquiatría del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Si antes eran internados de uno a dos adolescentes por semana, después de la pandemia se requieren más de 12 espacios.

A este clima de malestar mental no hemos agregado las adicciones: a fármacos o drogas ilegales que inician dulcemente y alejadas del amargo proceso que ha de emplearse para salir de una adicción, si es que alcanzan a encontrar la rehabilitación, porque la cantidad de niveles que puede descender un adicto es sorprendente. Y conforme más jóvenes, es más lamentable el descenso.

¿Dónde están las políticas públicas transversales e intergeneracionales fundamentadas en los derechos de los jóvenes?; ¿Por qué miramos tanto sus carencias y olvidamos el potencial? Llevamos años con las drogas metidas en el discurso y el imaginario colectivo pero a nadie se le pasó por la cabeza que, ante las conquistas territoriales, culturales y mercantiles del narcotráfico, crecería la vulnerabilidad al consumo y así una multiplicación desaforada de adictos.

Sin infraestructura preventiva o de atención a las adicciones en Jalisco ¿Quién se hace cargo? 

“Amigazo llegaron los mariachis” dice el sujeto rapado que encabeza un grupo de cuatro gruesos hombres que invaden la habitación del joven al que van a sujetar de los brazos y las piernas. En el rincón la madre llora, el chico grita, los falsos mariachis lanzan “el paquete” a la parte trasera del vehículo y se lo llevan al único centro de rehabilitación que alcanzó a pagar la familia. “Fue anexado”, dicen en el barrio.

La iniciativa parece la mejor que pudo haber tomado la familia de este chico de 14 años que ya es adicto a las metanfetaminas y comienza su día como lo termina, jalando a la pipa de cristal hasta que se acaba y debe salir a comprar más en el segundo piso de una vecindad en la Calzada. 

“Si no hay varo pues a ver qué vendo porque trabajo ya no tengo y pedirle fiado a los de la plaza, luego es meterse en pedos”. 

Pero el anexo que le espera es una versión más de todos los ángulos de la crueldad que alcanza a un adicto: castigos corporales, brutalidad psicológica, desnutrición, hacinamiento y a veces hasta explotación o la muerte.

Presas

Junto a la académica Rossana Reguillo y su nieta, una pulguita no mayor de 10 años, Orestes avanza sobre avenida Chapultepec, nutrida por decenas de manifestantes, la mayoría jóvenes, que en 2014 se oponen al espionaje que supone la Reforma de Telecomunicaciones de Enrique Peña Nieto. 

Sobre avenida México ya ha terminado el diálogo y la investigadora reflexiona para sí, para su nieta o para él: 

“El autoritarismo siempre ha hecho de los jóvenes su principal presa, no la única pero sí la primera en la que recarga su miedo y los vulnera extremadamente”.

Aquella reflexión cobra una vigencia monumental en junio de 2020 cuando el Halconazo Tapatío. 

En el año de la pandemia la gente ruge su hartazgo en la protesta por la muerte del joven Giovanni López, asesinado a manos de policías de Ixtlahuacán de los Membrillos. Un día después, realizan otra protesta, ésta en la Fiscalía, en la Calle 14, de la Zona Industrial y en esta ocasión exigen la liberación de las personas detenidas en la marcha anterior.

Para acatar la orden de disolver la manifestación, las autoridades estatales sacan tubos y palos, además de subir por la fuerza a decenas de personas a camionetas oficiales, después las ingresan a las instalaciones de la Fiscalía y finalmente las abandonan a las afueras de la Ciudad. 

El gobernador Alfaro responde que los agentes responsables pudieron haber recibido órdenes de criminales para perpetrar la agresión  añadió que la Fiscalía estaba infiltrada.

Algo está muy descompuesto en un lugar donde la gloriosa juventud es descrita en las secciones rojas de periódicos y noticieros, cuando sus mentes más brillantes conciben la juventud como un negro paso a desnivel del que no estamos seguros de salir antes de llegar a los 40 años.

De enero a julio de 2023, Jalisco ocupó el primer sitio en feminicidios de niñas y adolescentes entre 0 y 17 años, de acuerdo con la Red por los Derechos de las Infancias de México (Redim). 

En total, registró siete casos en ese periodo, con un histórico que  abarca de 2015 a julio de 2023, periodo en el que se registraron 712 feminicidios de mujeres de entre 0 y 17 años a nivel nacional y en el que vuelve a destacar Jalisco, pues con 55 casos se ubicó en tercero en lugar nacional, después de Veracruz y Edomex.

¿A dónde se fue la Libertad si los casos de desaparición de menores de edad incrementan en Jalisco y en México? Si los hombres están desapareciendo a los 25 y 29 años; las mujeres dejan de ser vistas por los suyos entre los 15 y 19 años. Y son cada vez más los niños, niñas y adolescentes que desaparecen en Jalisco. 

Tan engordada la crueldad como disminuída la empatía que el final de las masacres se ve lejano.

¿Qué parte comienza a deteriorarse primero cuando se acaba la empatía? Quizás el corazón, posiblemente algo peor que una cardiopatía surge cuando el corazón se automatiza; ¿se atrofian la mente y su conciencia moral?; ¿o será que la pérdida de empatía es materia del alma, la psique y de plano el ser humano se vuelve bestia? Por lo pronto, en Jalisco hay mil 115 menores sin localizar y en vez de avizorar el final de la guerra (del que alguna vez creímos que sería la conclusión natural de las masacres que vimos iniciar y arreciar) vemos que se agudiza.

En su esferita mullida, Orestes no ve la apatía y el perfil apolítico que tanto se ha criticado a su generación. Pero su perspectiva es corta porque su esfera está colmada de cómodas oportunidades.

Sin embargo, la condición de alfiles que se ha legado a su generación, esa sí que es transversal y lo toca. La juventud en Jalisco como en México es un estado de cuidado permanente, es decir, para tener cuidado mientras se le atraviesa.

Cada que alguien pronuncia la expresión “en algo andaban” frente a las fotografías de desaparecidos, no puede pensar en qué o sobre qué andaban, cualquier suposición es insultante y vaga. Orestes cree que es más preciso plantearse “cómo andaban”. Después de todo, los jóvenes son la pieza más limitada en movimiento sobre el tablero, colocados hasta adelante, expuestos, son los sacrificables, comparten el andar del alfil que no tiene más opciones que su limitado enfrente, no puede mirar al rey, ni protegerse y es tan vulnerable como la vanguardia del rival que también está compuesta alfiles, contra los que rivalizan a ambos extremos: estadísticas indican que en Jalisco los jóvenes son asesinados por otros jóvenes. 

En los límites de Encarnación de Díaz con Lagos de Moreno, sicarios se enfrentan a la Guardia Nacional y son capturados en las inmediaciones de los poblados de El Tecuán y San Cristóbal, en Encarnación de Díaz.

Tres de los siete detenidos por la Guardia Nacional eran menores de edad, los otros cuatro tenían entre 18 y 19 años, sin haber llegado a los 20 ya han sido puestos a disposición de un juez federal y la Fiscalía General de la República. Terminan en un área especializada en el Reclusorio Preventivo, en Puente Grande, e investigados por homicidio calificado en grado de tentativa, lesiones y posesión de narcóticos y armamento. 

La doctora Feggy Ostresky trae a su charla, sobre las bases neurobiológicas de la violencia, durante el programa de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Grandes Maestros,  a la figura de “El Ponchis” “¿alguien se acuerda de ‘El Ponchis’?”, preguntando a la concurrencia.

Aquel sujeto se volvió tema nacional en 2011 cuando el fenómeno de los niños sicarios nos parecía el fondo de la extravagancia que reviste a la violencia, hasta que a la adaptable sociedad se le fortaleció el estómago y ¡pum! Surgió el corrido del “Niño Sicario” de Calibre 50, que suma 22 millones de visualizaciones en YouTube, luego de cuatro años de su publicación.

“Eduard Jiménez Lugo es un niño que subía a redes sociales los videos de cómo golpeaba y mataba a las personas que secuestraba y lo agarraron a los 14 años. Hijo de una familia de migrantes ilegales de Cuernavaca que se fueron a San Diego”, recuerda la doctora quien dio seguimiento directo al caso.

El padre y la madre de “El Ponchis” eran adictos a la cocaína. Por esto regresan al menor a Morelos con su abuela, quien se muere cuando él tenía siete años. El niño se quedó solo, por lo que acepta la invitación de una célula de los Beltrán Leyva: “pues vente a trabajar con nosotros”.

“Entonces se vuelve más violento que los de la misma organización para que lo acepten. De ahí que subiera sus espantosos videos”.

La doctora corta el relato con un cuchillo frío para quienes la escuchan:

“Eso de que vemos niños y jóvenes en las calles y nos volteamos a otro lado, después se nos va a regresar. Así que a ver qué se les va ocurriendo para hacer al respecto. Eso de que hay figuras rescatadoras sí es verdad”.

Diversos estudios demuestran que el delito y las violencias dependen de lugares, personas y conductas. Por tanto, las políticas, programas, proyectos y acciones de prevención de la violencia y el delito deberían articularse, a fin de favorecer entornos, situaciones y comportamientos que promuevan la seguridad ciudadana.

Entre las problemáticas que detectan al respecto, tanto para México como el estado de Jalisco están la falta de atención prioritaria efectiva a las necesidades de la población en situación de vulnerabilidad, lo que favorece su persistente victimización y exposición a fenómenos violentos y delictivos. 

Además, la escasa promoción de espacios comunitarios que favorezcan la convivencia segura, democrática y libre para niñas, niños, adolescentes y personas adultas, así como mecanismos de colaboración entre actores municipales, estatales y federales para la planeación, implementación, monitoreo y evaluación de políticas, programas, proyectos y acciones públicas de seguridad ciudadana y prevención social de las violencias y la delincuencia.

Hombres de 25 a 29 años es el perfil de quienes más fallecen a causa de arma de fuego en Jalisco, según la estadística del número de defunciones cuya base fue agresión por disparo de arma de fuego, compartida por Transparencia por el Organismo Público Descentralizado Servicios de Salud Jalisco.

Sin conceder, ampliemos el panorama: ¿En qué andaban los que en algo andaban? 

Pensemos, pensemos en cuáles podrían ser los factores que ensanchan el umbral del crimen organizado para que puedan entrar todos los chicos vulnerables que quepan ¿qué le faltaba a “El Ponchis”?; ¿Cómo serían los escenarios propicios para que nosotros hubiéramos transitado ese carril? 

Orestes anota en un papelito blanco la lista de sus respectivos y olvidados privilegios que van saltando en tanto profundiza dentro de esta reflexión.

Comienza con la falta de oportunidades educativas. Estudiantes de bachillerato aún tienen pesadillas en las que no son admitidos en la Universidad, su ausencia en las temidas listas desata lágrimas nuevas cada ciclo escolar ¿exagerado? Pues es que para muchos de ellos, si no figuran ahí, el mundo les tiene reservado un panorama de incertidumbre y días muertos que pueden arrastrarlos a puertos inciertos con todo y sus talentos que se diluyen.

A las universidades llegan solo quienes pueden, tanto privadas como públicas, terminan su carrera también quienes pueden, atrás de ellos estarán siempre esforzándose al triple los jóvenes que desertaron en preparatoria para ponerse a trabajar y así ayudar en la casa, los que tronaron en el primer semestre de la carrera al vivir la dificultad de estudiar y trabajar, un amplio cinturón de hijos de obreros que nacen sin el precedente de un horizonte académico. 

Después de todo, estudiar ni basta para ser alguien en la vida: faltan palancas, contratos fijos y justos, sindicatos, brincar la barda de los licenciados de 9 mil pesos mensuales, mayor experiencia, seguro social, vacantes, utilidades, vacaciones, horarios justos: poder vivir de lo que estudiaste. 

Mientras que grandes fortalezas, a lo lejos, resguardan escritorios gubernamentales a donde no llega la perspectiva juvenil. En estos ecosistemas la juventud existe solo enrollada dentro de ecuaciones electorales. 

Antes del año electoral, no hay accesos. “No, no hay”; “Ya se acabo”; “No alcanzó”; “Vuelva otro día”; “Aquí no es, lo siento mucho, no podemos ayudarle, joven”.

Sigue cerrada la puerta café que en su placa dice “Acceso de apoyos suficientes”; tras un reja con candado tampoco se ha visto abierta la que dice ”Acceso para potencializar o incentivar sus capacidades”; y si alguien se atreve a decir que hay un portón escondido que resguarda la placa con la inscripción “Interlocución y plaza para hacer valer la voz de las generaciones con mayor acceso a la información de toda la historia”, pero una placa tan larga refrenda su falsedad.

“México no cuida a sus jóvenes”, dice la escritora y periodista, Elena Poniatowska a Orestes, en 2014 año de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa,

“¿Cuál es el futuro de un país que mata a sus jóvenes?” pregunta a Elena, quien documentó la masacre del 2 de octubre de 1968, cuarenta y seis años atrás y a quien le alcanzó la vida para presenciar otra barbarie contra la juventud, retrocediendo a la esterilidad toda reflexión impresa en La noche de Tlatelolco

“Repetir el miedo y la indignación” responde ella en el comedor del Hotel Hilton, donde Orestes nota cómo el miedo y la indignación logran colarse al desayuno, envenenado las tazas de café y los jugos de naranja, ve inevitable que se opaquen las amplias zonas blancas y los cristales del lugar con el luto nacional.

“Al país hay que decirle que tiene que estar protestando, que lo que le pasa es porque se deja, si se deja y no reacciona tiene lo que vemos, si somos todos unos dejados, o unos collones y decimos: bueno a mí lo que le pasa a aquel de la esquina no me interesa o no me importa, pues algún día nos irá a tocar a alguno de nosotros. Nosotros somos unos privilegiados”, Poniatowska gira la cabeza observando el alto techo arropado de luces ámbar: “Mira donde estamos sentados, la gente que pasa, todo, aquí ves pura bonanza”.

“Finalmente los muchachos de Ayotzinapa son los más pobres y su única oportunidad es ser maestros, entonces quitarles esa única oportunidad es una infamia. Si tú ves dónde vivían, cómo dormían en cartones, que colgaban su mochilita, su morral en la pared, en fin que no tenían absolutamente nada, es muy terrible, es de verás una enorme injusticia que siempre le pasa a los mismos” sentencia la periodista sin cansancio.

Ese día pero a muchos kilómetros de distancia, los peritos argentinos que colaboran en las investigaciones del caso Ayotzinapa confirman que el ADN de algunos restos encontrados en el río San Juan del municipio de Cocula corresponden a los del normalista Alexander Mora Venancio. Al día siguiente en la Feria Internacional del Libro 2014, Elena cede el espacio llamada “Un rato con la Poni” a familiares de los cuarenta y tres estudiantes desaparecidos.

Oficio

Aquellas juventudes y las que estaban detrás de ellas aún no poseen un lugar digno en el empleo formal o informal, ni políticas públicas o voces que legislen en su favor; no alcanzaron espacio en la academia, en la sociedad. 

Los jóvenes tienen pocas rutas fijas. “El Ponchis” comienza su vida como sicario en Morelos a los once años de edad, no tuvo que tocar ni dos veces para entrar, encontró abierto y se siguió derecho por el camino delincuencial, bien acompañado de ese fantasma tan organizado que ha sabido mantener vigencia desde que nacieron las generaciones del nuevo Milenio.

En este país muchos mexicanos han aprendido a cotizar la vida de otros muchos mexicanos entre cinco mil o 10 mil pesos semanales. Si la vida vale en pesos, la vida no vale nada, como nada vale reducir la expectativa de vida, como exigen los gajes de este oficio.

Actualmente existen programas de apoyo para  que los jóvenes puedan seguir estudiando, y salir de zonas marginadas en el país y en Jalisco; sin embargo, muchos de estos programas, de los tres niveles de Gobierno, de son desconocidos o inaccesibles para algunos jóvenes; y la efectividad y medición de sus resultados quedan por detrás. 

Así son evidenciados los momentos y lugares donde las juventudes son desdeñadas sin considerar que actualmente los jóvenes son mayoría en la sociedad y el bono demográfico está inclinado en personas de 15 a 29 años. 

La balanza demográfica se invertirá y habrá más gente adulta que caerá en cuenta sobre lo mucho que desaprovechó el potencial que hoy se tiene a través de los jóvenes.

¿Oficio? ¿Cuál oficio? Primero el halconeo en la bicicleta, la moto, dando rondines por el territorio, que es la plaza, para dar el pitazo cuando haya policía o haga operativo, o por si alguien más se quiere pasar de vivo vendiendo o comprando sin permiso. También pueden operar el halconeo desde la simulación construida como  sendos puestos de aguas frescas, un día repentinamente surge una mesitas con cinco vitroleros llenos de aguas de alfalfa, horchata, coco, limón con chía y jamaica, se quitan y se ponen dónde la vista de los cinco jovencitos que atienden alcanza a ver cuatro esquinas largas. Silvan o gritan en clave y el mensaje avanza de viento en viento. Otro día cualquiera el puesto desaparece pero el mensaje llegó sin contratiempos a su destinatario. 

Sigue el narcomenudeo, sólo la vendes pero no te la metes, recuerdan los que quieren prosperar y reportar bien sus egresos e ingresos, su vida es un volado hasta que las cuentas cuadran y quedan claras. Si se portan bien, ganan el necesario adiestramiento en armas que esculpirá sobre la carne de jóvenes y niños sicarios al golem de plomo. Y para agarrar valor, un jale convincente, que truene hasta ponerse psycos, las metanfetaminas envalentonan sin importar a dónde los lleve. Son carne de cañón y trazan desde adentro su propio círculo sin saber si saldrán, desde su centro hay que echar toda norma moral, social, religiosa y jurídica, abstracciones vedadas únicamente para quienes pudieron desarrollarse dentro de un marco del supuesto Estado de Derecho. 

El reclutamiento también puede ser mediante engaños en las ciudades donde se ofrecen jugosas vacantes como empleados de seguridad privada o en call centers; o existe la otra modalidad, aún peor, de reclutamiento forzoso y violento al interior del Estado, que no necesita engaños y sutilezas. A la camionetas y trabajar de ahuevo que no hay de otra y a ver si aguantan. 

La generación de los noventas y las previas aún pudimos jugar a ser policías y bomberos, las posteriores toda su vida han sido permeadas por una cultura que celebra los motivos delincuenciales que termina por explicar la popularidad de canciones y producciones que engrandecen el lujo y poder de las cabezas del crimen organizado. Tenemos bien adentro el discurso de la violencia, incluso en las palabras, sentimientos y pensamientos ¿cómo sueles despedirte de alguien? Si es con un “cuídate” sabes entonces de qué hablamos. 

Cuídate de juntarte con quién no debes aunque no sepas, de parecerte a quién andan buscando, de cruzarte en el camino equivocado, cuidate de que te arrebaten todo el tiempo que te quedaba, de convertirte en el doloroso recuerdo de cómo violaron los cimientos de tu hogar, el sueño de tus padres.

Cuida que no pongan fin a tus inquietudes creativas como esas que reivindicaron al grafiti en el 2000, a través de los chicos de Master Grafiti. Aquellos años Guadalajara no quería saber de art steet.

Cuídate de que no apaguen tu voz política como la de los perseverantes chicos, chicas y chiques que hicieron de la marcha tapatía LGBT+ un referente nacional de dignidad y libertad.

Cuida tu risa para que sigas desparramandola sobre el suelo rojo del Parque Rojo o bajo la bóveda humeante del Tianguis Cultural, donde se congrega la espontaneidad de la juventud tapatía desde 1995. Originalmente en el Jardín Rolón, frente al ex convento del Carmen hasta que sus atuendos y peinados cargados de vida asustaron al clérigo, bautistas y quinceañeras del templo del Carmen y tuvieron que mudarse en 1998 a la Plaza Juárez, no sin ser ninguneados antes por el alcalde panista Francisco Ramírez Aucuña, a quien los jóvenes de la asociación civil Arte Libre enseñaron a tolerar la escena electrónica local, en una ciudad donde años después faltarían más festivales y sobrarían velorios. 

Los jóvenes son energía y descubrimiento para una comunidad y describirlos como las piezas alfiles del ajedrez sería encestar otra de tantas injusticias en su contra.

Son los papás

Mientras que la vida de los jóvenes es interrumpida sin haberse hecho del tiempo y experiencias a las que tenían derecho, las vidas de los padres que les sobreviven es condenada al aullido del dolor que sólo ellos escuchan. 

Madres y padres quienes conciben a las presas para alimentar al monstruo, que imparable aguarda por las generaciones que vienen. 

El Día de las Madres y su celebración en Singapur, España, Reino Unido, Belice, Canadá, EUA, Brasil, Emiratos Árabes, Puerto Rico, se efectúa en fechas distintas al 10 de Mayo mexicano y es celebrado con base en sus respectivas tradiciones.

Los temas y festejos públicos siempre han tenido sus notas distintivas al 10 de mayo en cada país, pero en años recientes esta brecha de diferencias se ha profundizado aún más como consecuencia de las miles de víctimas de violencia, cuyos asesinatos o desapariciones mezclan la conmemoración a la madre con el duelo, la vergüenza, su rabia y tristeza. 

En México y Jalisco el recorrido de las madres buscadoras atraviesa el 10 de mayo de la misma forma en la que sus corazones han sido rajados desde el primer día de ausencia. 

Las clásicas madres mexicanas tan generosas, a menudo, se posponen ellas mismas a las necesidades de la familia y piden como regalo la secadora o el refrigerador que aprovecharán todos en casa. También son las que más trabajan antes de la fiesta, durante y después, primero en la cocina, luego atendiendo a los presentes y al final se quedan a limpiar la casa. De la misma forma, el Día de las Madres ha sido sacrificado parcialmente para subrayar de forma pública su pérdida, para exigir visibilidad, acciones, justicia, empatía y un alto a las desapariciones.

Si bien la Generala de Zapopan cultiva su vigencia durante todo el año, visitando iglesias y comunidades en Jalisco, hasta el 12 de octubre que revienta el fervor en la Romería; igualmente las madres de carne y hueso surcan el año entre búsquedas, pronunciamientos y manifestaciones pero el 10 de mayo es el día que más arde en sus almas fraguadas por el dolor diario, la pena es más notoria. 

Supone cierta facilidad mirar hacía otro lado para que no nos afecte la tragedia del otro, como hacíamos en la Vía Recreactiva a la altura del Parque Rojo donde las madres buscadoras de “Por Amor A Ellxs” instalaban sus tendederos de bordados, bordados hechos a mano para exhibir y exigir, comenzados un día, luego de mucho padecer, en el que se decidieron a salir y hacer algo al respecto. 

Admirables y corteses responden generosamente a cualquier conversación, comparten su historia como anfitrionas en ese pedacito de parque que valida públicamente su tragedia una vez a la semana y que muchos anulan con la mirada para no pensar temas tristes durante el domingo por la mañana, día que se antoja para todo excepto pensar cosas tristes. 

Sigue su marcha, de ladito para no hacer contacto visual, para no leer el horror, ni siquiera pensarlo, hay que hacer de su dolor algo lejano, igual que del miedo para no arruinar el soleado día de asueto. En escala menor, omitimos la tristeza de las buscadoras para rescatar nuestro confort. 

No obstante, la lectura es errónea y al acercarse para escucharlas el significado cambia extraordinariamente: Si el heroísmo y el supuesto poder universal del amor tienen presencia en la vida real, su forma más parecida se teje ahí en ese cachito de parque. 

Su presencia no pide compasión, es tan digna que generosamente ofrece la oportunidad de recordar a las familias la importancia del Estado de Derecho, la unión familiar y nuestra fragilidad civil.

La situación exige que se evapore la celebración de un 10 de mayo, no hay lugar o tiempo para el regocijo de ser madre cuando el hijo se mantiene ausente, todo júbilo se ha suspendido fuera de su alcance y volverá hasta haberlos recuperado, hasta asegurar su protección, vivos o muertos, pero con la certeza de dónde y cómo están, conocimiento que toda buena madre tiene actualizado y al día. 

No hay nada que celebrar y sí mucha empresa por la cual dejar la vida en el camino, más ahora que las madres buscadoras activas, viven de cerca el riesgo generalizado que hay en su tarea, quizás el último reto de sus vidas que envejecen rápido, enferman o son interrumpidas por asesinatos, ya que el Estado les falló, a unas cuando llamaron al 911 para reportar el levantón a su hijo pero nunca contestaron.

A otras les falló la Fiscalía Especial que no avanza el caso o la Fiscalía del Estado que no ha capturado a los sospechosos; existen a quienes les falló el sistema de C5, porque las cámaras del cruce donde ocurrió el incidente no servian. 

A otras el Estado les falla cuando no cumple con el deber de salvaguardar su integridad. Están desprotegidos quienes, ante la inacción buscan, buscan, buscan por cuenta propia. Aunque la muerte los puede encontrar primero.

Las madres se siguen derecho, amenazadas pero hacía adelante, agredidas institucional o hasta físicamente pero con esperanza, descalificadas pero firmes, criminalizadas pero amorosas; privadas de la libertad pero preocupadas primero por sus hijos; asesinadas en la línea de batalla, detenidas en violación a sus derechos como en 2023 sucedió en Tlaquepaque a Nadia Araceli Castañeda Plasencia, integrante de un colectivo de búsqueda quien fue liberada 36 horas después de un arresto, que purgó sin derecho a la comunicación y el registro oficial, después de una riña detonada al percatarse que personal del Ayuntamiento retiraba fichas de búsqueda colocadas horas antes por madres buscadoras en la Plaza Springfield.

Ante el asesinato de personas buscadoras en México, el mismo Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) resaltó en su informe que se requiere “fortalecer de forma inmediata el sistema de protección de víctimas para garantizar la seguridad de los familiares y sus acompañantes y que para ello es necesario reforzar el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y los mecanismos estatales”. 

Recomendó a las autoridades que deben:

“asegurar de forma prioritaria la realización de análisis de riesgos de colectivos y familiares involucrados en procesos de búsqueda, investigación y acompañamiento a las víctimas de desaparición, así como una respuesta rápida y efectiva a los incidentes de seguridad”.

Quienes se llevaron a sus hijos pasean por el barrio donde sus vecinas y otras madres sí celebran el 10 de mayo. 

Son las mamás. Ellas fundan e integran en su mayoría los colectivos de familiares de personas ausentes, quienes comenzaron a realizar acciones de búsqueda en campo ante la inacción que percibieron en la Fiscalía Especial.

 “‘¿Cómo voy a festejar si no está mi hijo?”, “No hay nada que celebrar”, “Es una agonía eterna”.

“No es un día de fiesta, es de lucha y de protesta”.

“Nosotros ya queremos descansar de la pérdida de nuestros hijos, ya la hemos aceptado. Volveremos a nuestra vida y los amaremos como ángeles”.

“Me fracturé el pie, pero aquí estoy apoyando, no quisiera ver a otra madre viviendo esta situación”. 

“Yo tardé dos años en completar el cuerpo de mi hijo”.

“Yo le digo a todas las mamás que no dejen de buscar a sus hijos; hasta el último rincón, no pierdan la fe, ellos saben que un dia los van a encontrar, aunque sea en un lugar que no quisieramos encontrarlos”. 

“No he podido escribirle la falta que nos hace a toda la familia, lo seguimos esperando… tengo tantas cosas que decirle…  estoy muy orgullosa de él y lo amo”.

*Cada vez que quiero escribir algo me quiebro. Tengo mil cosas que decirle, mil cosas por contar. Quiero que mi hijo sea recordado y que no se olvide que Carlos Maximiliano Romero Meza tenía mil sueños y mil cosas por hacer”.

Volaron globos blancos y llevaron carteles con palabras emotivas y la exigencia de justicia, durante la ceremonia en la que dieron el último adiós a Frania Estephania López Hernández, desaparecida el 26 de agosto de 2023 y localizada sin vida junto a otros tres cuerpos al interior de una casa de seguridad localizada en la colonia Geovillas La Arbolada, en Tlajomulco.

“Sabemos de antemano que la justicia no me va a regresar a mi hija, pero sí estamos pidiendo que hagan conciencia las personas, que cuiden a sus hijos para que no suframos este dolor”, declara generosamente Jorge Pacheco, el padre de Frania.

 

Casi todo jalisciense que pueda contar con sus padres, podrían asegurar que al menos ellos los esperan y estarían prestos a buscarlos, a pesar de las amenazas, riesgos y hostigamiento que públicamente ha denunciado el colectivo Luz de Esperanza, integrado por familiares de personas desaparecidas. 

Cuando señalan la responsabilidad del Estado sobre las repercusiones en su contra, por parte del crimen, que intimidante se pasea en las colonias donde viven para recordarles que son vigilados, al tiempo que pelean su causa justa, no es un capricho partidista o anarquista, es un reclamo por el asedio que detectan después de que se haya dejado de visibilizar la crisis de desaparición forzada y el acompañamiento de las autoridades, si alguna vez lo tuvieron.

En contraste, el colectivo acusa que la vigilancia, ya detectada, también se efectúa por parte de las autoridades.

“Esas placas son de la Fiscalía” fue la respuesta policial que dieron a Héctor Flores, vocero del colectivo cuando denunció que su domicilio era vigilado. 

¿Qué más estarán dispuestos a enfrentar los padres por sus hijos? Bien, pensemos en algo tan elemental como las infecciones, un riesgo poco mencionado, si consideramos que los medios reportan los levantones y homicidios en su contra.

Sin embargo, no es asunto menor por ser cualitativo, pensemos en la vulnerabilidad que implica emprender la búsqueda entre tierra y zonas abiertas donde se aguardan, por ejemplo, esporas de hongos, como el plasma capsulatum que es suficientemente rudo como para dañar el sistema pulmonar, la sangre, médula, cerebro, piel y corazón, hasta matar.

Si alguien considera exagerado el planteamiento, haría bien en hablar con las madres de familias buscadoras del colectivo Corazones Unidos en busca de Nuestros Tesoros que presentaron síntomas y detrimento a su salud pulmonar, luego de su búsqueda en Puerto Vallarta, donde inhalaron las esporas. 

Y si pensamos con un poquito de empatía, es fácil deducir que básicamente todos los padres y madres buscadores andan con las defensas por los suelos como sus emociones, su nutrición y la salubridad de los sitios específicos a los que acuden en pos de restos o cadáveres. 

“¡Es lógico!” Piensa Orestes y se reprocha lo abstracto y alejado que consideraba las caminatas y búsquedas de estas personas, cuyo trayecto solo conocía por fotografías o videos que las cámaras de televisión registran una vez en el lugar, alejadas del raudo proceso de excavación o trabajo, una vez apersonados en el lugar, imágenes ligeras que así como no transmiten el dolor y la angustia, nunca transmiten olores y contaminantes que aguantan los padres.

Piensa, huele, pícate y ráscate, irrítate y tolera lo que desprende el polvo al levantarse, cuando excavan, los bichos, hongos, la hostilidad del suelo, su tierra y sus plantas.

Depresión con fiebre. Malestar general en el cuerpo como en la mente y los sueños.  Coloración amarilla en la piel, en tanto la perspectiva moral y del mundo es negra. Si no es tan simple como fotos al terminar la jornada de búsqueda o señoras tejiendo en el parque o mamás que lloran y protestan el día en que los mariachis deberían cantarles, mientras comen con sus hijos.

“Pero si la señora Lupita es menudita, habla bajito y muy penosa, nunca salía de casa sin su marido ¿qué va a ir a hacer a esos derroteros?”, se preguntan las vecinas cuando una mañana ven a la madre salir hacia la prisión. El punto de búsqueda para ese día.

Los familiares de personas desaparecidas acuden al complejo penitenciario de Puente Grande por información. 

Las madres, tías y hermanas de víctimas, llegan con sus inseparables retratos impresos en las playeras, a ver si los internos identifican, se apiadan y aportan algo, aunque sea pistas y nada más, sobre su paradero.

Sin embargo, ahí también se dan de bruces con ‘halcones’ que cuidan la voz a los internos para que no digan más de lo debido.

El estatus de incógnito que deben llevar a cuestas los buscadores y las buscadoras no cambia en prisión y cuando algún interno accede a intercambiar, deben vigilar quién más escucha. 

En la película Sin señas particulares (2020) de la directora mexicana Fernanda Valadez el gran giro final conmociona y conmueve. 

Después de presentar la travesía de riesgos y trabas que conjuntan muchos de los conflictos a los que se enfrentan las madres y padres de personas desaparecidas, la protagonista localiza a su hijo de la única forma que no imaginó: armado, uniformado y activamente formado en las filas de esas agrupaciones del diablo, figura que literal y simbólicamente aparece en escena. 

Cuando el diablo surge literalmente en este filme, permite al espectador recordar que se trata de una ficción, a pesar de que cada escena parece documental, pues incluso la más retorcida y que cierra la historia, tiene mucho de realidad. En 2023 el diario Mural reportó que en el estado de Jalisco se habían presentado distintos casos de personas que denuncian la desaparición de algún familiar que es localizado después de cometer algún delito. 

El periódico local exponía el caso de Itziry, cuya privación de la libertad se había efectuado el 8 de marzo de 2023 en Guadalajara; sin embargo, fue localizada tres meses después junto a otras personas que eran señaladas de la privación de la libertad a un chofer de plataforma.

Un adolescente con ficha de desaparición fue localizado en mayo de 2022 vendiendo droga en Guadalajara, el joven aseguró que procedía de Durango y que había sido traído con engaños por sujetos que lo obligaron a ejercer narcomenudeo. Igualmente, José Ángel, originario de Chiapas, era buscado por sus familiares desde 2022, hasta que fue capturado en abril de 2023, junto con otros sujetos armados en Santa María del Oro, Jalisco.

La realidad resulta más terrible que el cierre en el filme de la directora Valadez, si consideramos factores tan reales como los son la extorsión, explotación y privación de la libertad para ingresar al narco.

Madres y cuerpos

A los 10 años Orestes pregunta a su madre qué pasó con María después de la crucifixión de su hijo y ella responde que lo vio resucitado al tercer día: “Pero yo creo que se volvió loca, yo me volvería loca”, agregó ella. 

En lo sucesivo Orestes busca en todas las secuencias de La Pasión que son distribuídas en cada una de las iglesias católicas a las que entra, observa por igual las que son pintadas y las esculpidas, inspecciona los altares y retablos marianos, está decidido a encontrar imágenes que acrediten la respuesta de su madre. No busca a la Virgen en la Gloria tras el ascenso, el gesto que busca es más humano, el del dolor que enloquece y desfigura el rostro, retuerce el cuerpo; pero no aparece.

Hay vírgenes que lloran sangre con obligado destello que recuerda al brillo de las pupilas que los pintores representan con el único punto color blanco en el cuadro; y los fotógrafos están obligados a capturar en los ojos de un retrato exitoso. 

También hay vírgenes vestidas de luto, desde el tocado hasta los pies escondidos, a veces bajo verdaderas prendas de tela oscura o gruesas piedras negras dirigidas en siluetas para representar los pliegues del largo luto. 

Incluso en las pequeñas secuencias de La Pasión hay virgenes echadas al suelo sobre el cuerpo de Jesucristo aún clavado en la cruz, los surcos de sus ropas son violentos y contorsionados, pero la locura no toca el rostro. 

“Tantas obras para representar la locura de Juana de Castilla o Carlota de Bélgica pero ninguna que represente la de la Virgen María ¿Cómo es posible?”, cuestiona. 

Una madre jalisciense espera que le sea entregada la cabeza de su hijo en el Servicio Médico Forense, luego de ver, el 28 de septiembre de 2023, una primera cabeza cuyos rasgos habían quedado hechos una masa irreconocible, una imagen impactante que finalmente resulta no ser la de su hijo; aún así, ella misma hubiera preferido llevarse en su memoria la primera imagen que le mostraron, a la de la segunda cabeza que vio en el lugar, ésta sí era la de su hijo.

“Mejor me hubiera quedado con la primera imagen, porque quedó muy impresionante con los ojos abiertos. No sé por qué si los demás tenían sus ojos cerrados”. 

La señora Gloria tuvo que regresar a su casa sin nada salvo aquella visión, conseguir al personal funerario que debía acompañarla en su próxima visita y recibir la cancelación de esa visita, hasta nuevo aviso para que le dieran los restos de su hijo:

“Moralmente y físicamente me siento muy cansada. Siento que fui torturada. Lo que vi, olí y escuché en el Semefo nunca lo voy a olvidar”, dijo a Mural. 

En el mismo lugar estaba el cuerpo de una mujer buscada por sus familiares, su padre recibió los restos en una bolsa transparente y que describió como “una masa a la que ya no se podía identificar ninguna forma, un pie, una mano, nada. Nos dimos cuenta dónde estaba la cabeza porque se alcanzaban a notar los dientes a través del plástico”.

Lejos de quebrarse por completo, ambos padres dignificaron a sus hijos, una vez que obtuvieron sus restos o la certeza de su paradero, con fecha de entrega: la madre del varón se llevó a su hijo en una carroza fúnebre y los familiares de la joven la despidieron a cielo abierto, vestidos de blanco, entre amigos y exigiendo Justicia.

El pico más terrible de sus historias cerró cuando finalmente honraron a sus hijos, luego de haber pasado por lo indecible, los restos de sus hijos, lo que quedó de sus hijos, quedó bajo su guardia de padres que brindaron a su memoria la piedad que no hubo para sus vidas y sus cuerpos. 

“La virgen María no enloquece, ese gesto nunca lo vas a encontrar pero las representaciones de lo que sí pasó son mucho mejores”, el padre de Orestes le muestra dibujos y fotografías de La Piedad de Miguel Ángel, una madre cuya compasión al recuerdo de su hijo le permite sostener el cuerpo muerto y maltratado con un gesto extraño que abarca el dolor, la comprensión, la ternura y la dignidad.

Orestes encuentra una escultura morena de La Piedad en las catacumbas de la Catedral de Guadalajara debajo del altar; en la fachada del Convento de La Piedad, como en la del Expiatorio y al interior de éste. Así como en un par de historias más.

La mamá de Perla Guadalupe Sánchez Ortiz ya sabe dónde está el cuerpo de su hija de 19 años, a quien dejó de ver luego de su desaparición el 4 de julio de 2020 en El Salto, el problema ahora es que no sabe dónde conseguir los 8 mil pesos que le cobran para poder extraer los restos de la fosa común donde fueron depositados.

¿Dónde obtener esos 8 mil pesos? si los últimos tres años, esta madre angustiada sólo ha conocido dos lugares de fijo, además de su casa, uno es el edificio de la Fiscalía de Jalisco y el otro el del IJCF. Pero está determinada a hacerlo ¿cómo no? si su hija Perla le dio dos nietos que necesitan una tumba para visitar, igual que ella. 

Esta abuela no se ha quedado quieta, a pesar de que a su vida le faltan manos, a sus días horas y a su bolsa más ingresos, ella se mueve de inmueble en inmueble, semana tras semana, reclamos, gastos y cobros, todo leído y escrito por otros porque ella no sabe y ni tiempo de aprender ¿cuál tiempo? si el cuerpo de su hija ya lleva dos años en esa fosa, no hay tiempo. A veces se escalonan los pendientes y los va sacando de uno en uno, otras, se le juntan todos, y pues a sacarlos como se vaya podiendo. 

A pesar de llevar para todas partes esa agenda que cobra pesos hasta que le estalla en la bolso, hay una cruz justo en el lugar donde informaron a esta madre jalisciense que las autoridades recuperaron el cuerpo de su hija, una cruz levantada por la abuela para enderezar la absurda tragedia familiar. La abuela hace la cruz ahí donde le dijeron que fue recuperado el cuerpo y así levanta una cúpula para proteger a sus nietos del absurdo, del duelo abierto, del daño que hacen las lágrimas contenidas. 

La abuela sigue luchando por sacar de la fosa el cuerpo que ya no pudo envejecer más de 19 años, buscandole y rascando por esos 8 mil pesos, ella en su línea de batalla, no sin haber dejado a sus nietos comida en la estufa, la casa limpia, un buen ejemplo de resiliencia y un lugar donde rezar por su mamá y por este mundo que en su primera infancia les muestra su peor cara.

Tantas furias que no debieron ser, errores, fallas, irresponsabilidad, crímenes inhumanos, tantos responsables a quienes no pueden tener enfrente para reclamar su dolor a ver si así se aligera algo de todo lo que traen y quema por dentro ¿De quién es la culpa en un caso sin culpables? Pues mía, venga. Me culpo por no haber cuidado más a mi hijo, por no haberle dicho que lo amaba, cada que como de un plato caliente y me cubro con la cobija sin saber cuáles son las necesidades que pasa, me culpo si un destello de alegría o emoción remueven brevemente esta ininterrumpida cadena de tristeza y desesperación, forjada durante los últimos años.

Me culpo por ignorante, pues de haber sabido el andamiaje institucional y sus reglas, por supuesto que el caso de mi niña ahora tendría mejores horizontes; siento culpa por pobre, pues he visto cómo el dinero hace volar a muchos familiares desesperados que se van por cielo sin gastar las suelas, cortando camino y ahorrando dinero mientras planean en las alturas donde la vista es mejor, la búsqueda efectiva pero con acceso limitado a los billetes de cada quien.  

La mejor desembocadura en estos casos termina por ser una creación de las madres y los padres, que vuelven a construir, se congregan y guían a los recién llegados porque saben que en ese punto de la tragedia que les ha tocado surcar, apenas está pasando el shock, la mirada perdida, los cabellos electrificados y en punta, los ojos enchilados por sus lágrimas y el semblante de quien mira al abismo desde el borde. Orientan y cooperan con las personas que apenas entran a estos infiernos para que tengan más tiempo y menos sudor por delante; para que la estúpida y cruel cara del absurdo reduzca sus apariciones en la ruta de los padres que se han decidido a buscar activamente a sus hijos; para que la pérdida de los míos, al menos cobre algún sentido, un hecho bueno que devuelva la fe y reste amargura y pena, para todo eso se toman las notas, registran los procesos, elaboran las recetas con pasos e ingredientes, tips, consejos y apoyo moral.

“Yo no sabía que tenía derecho a exigir mesas de trabajo para seguir los avances de mi carpeta de investigación, ustedes, por favor sepanlo y exijan. No sabía que podría solicitar una copia del expediente para verificar los avances del caso, ustedes exijan; no sabía la importancia de anotarlo todo, ustedes háganlo”.

Familiares buscadores en campo suman esfuerzos y con apoyo del ITESO y la United States Agency International Developmet (USAID), crean una guía de respuesta que compila los pasos a seguir durante las primeras horas y tras los primeros días de una desaparición.

Otro gesto generoso de los papás y las mamás que siempre dan más de lo que reciben. 

***

Lee aquí el resto de las crónicas que componen esta pieza periodística:

Parte I: 

La importancia de hacer memoria (Parte I)

Parte II: 

La importancia de hacer memoria (Parte II)

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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