Deliveristas enfrentan precariedad y división en la Ciudad de Nueva York

#MediosAliados

Por Ángel Melgoza / Ojalá

Ernesta Gálvez pedalea por las calles una nublada mañana, con una brisa leve que apenas moja. Gálvez trabaja haciendo entregas en su bicicleta, y la mayor parte de los días el clima caprichoso de la ciudad de Nueva York y sus colindancias hacen de este oficio un trabajo pesado.

Ser deliverista, repartidor de comida, es estar expuesto a los peligros de las calles, al cansancio físico y a la poca estabilidad laboral. La mañana que hablé con Gálvez, viajó casi dos horas, con su bicicleta en tren y en barco, para llegar a donde trabaja. Nacida en Tlapa, Guerrero, desde hace 18 años vive en Nueva York.

“Todos llegamos aquí como podemos. Ya había terminado enfermería, pero me vine. Porque nadie nos dice cómo son las cosas aquí realmente”, dice Gálvez. “No son como las pintan, como una las imagina”.

Cuando nació su tercer hijo, Ernesta se dio cuenta de que su trabajo en una lavandería era muy pesado, quedaba lejos, los horarios eran largos y la paga muy poca. Trabajaba ahí desde hacía años, pero quería pasar más tiempo en casa para cuidar de sus hijos, entonces su exmarido le propuso hacer deliverys.

La posibilidad de controlar sus horarios y ganar más dinero la convencieron, a pesar de ser una ciclista principiante. Pronto se volvió una de las pocas mujeres deliveristas y, por su vocación de servicio, se involucró en el tensado mundo del activismo por los derechos laborales.

El delivery y la larga espera para el asilo

Se calcula que en la ciudad de Nueva York hay 65,000 trabajadores de entrega de comida. El negocio se catapultó con la pandemia, cuando prácticamente toda la ciudad se encerró y los repartidores se volvieron “trabajadores esenciales”.

La cantidad de inmigrantes indocumentados que trabajan como repartidores es incierta, pero en el último año y medio se calcula que unas 110,000 migrantes han llegado solamente a la ciudad de Nueva York, y que cada mes se les suman 10 mil más. La mayoría provienen de América Latina y el Caribe.

Las personas migrantes o quienes buscan asilo necesitan encontrar un trabajo que les permita ganar dinero. Pero la mayoría de los empleos requieren registros y documentos. En el caso de las personas que buscan asilo, la ley les prohíbe trabajar los primeros 180 días después de iniciar el trámite para pedir asilo.

Aquí es donde las aplicaciones que ofrecen servicios de repartición de alimentos, delivery, han encontrado un bastión de trabajadores a bajo costo. En las calles es muy obvio. Hay latinos en bicicletas repartiendo comida por todas partes.

Algunos tienen papeles, otros no. A veces los migrantes le pagan a los residentes legales para prestarles sus documentos o cuentas en las aplicaciones. Rentan scooters, motos o bicicletas, y se lanzan a las calles de una ciudad enorme que no conocen, la mayoría de las veces en un idioma que no dominan.

Ernesta Gálvez, deliverista y activista, durante la concentración del 14 de febrero, 2024 en Manhattan. Foto: Ángel Melgoza.

Violencia, precariedad y organización

En medio de la pandemia, los repartidores enfrentaban un exceso de peligro y discriminación. No podían utilizar los baños de los restaurantes donde recogían la comida, eran robados con facilidad por grupos que los asediaban e incluso intimidados por la policía.

Por ello algunos deliveristas organizaron un plantón afuera de una estación de policía el 8 de octubre de 2020. Marcó el inicio de la organización de los repartidores, la cual ha venido creciendo, atrayendo visibilidad a su trabajo.

El 15 de octubre de 2020, convocaron a una marcha para exigir seguridad en su trabajo. Aquel día llegaron unos ochocientos deliveristas, algo que incluso sorprendió a sus organizadores. En esa primera marcha surgió Deliveristas Unidos, la organización más visible de repartidores latinos en la ciudad de Nueva York.

Gustavo Ajché, un trabajador de la construcción y deliverista guatemalteco, le contó al podcast Radio Ambulante cómo, después de esa primera marcha, tenía que responder a la pregunta “¿Y quiénes son ustedes? ¿Cómo se llaman?”. Comenzó a contestar con el nombre de lo que en su momento era su grupo de WhatsApp: “Deliveristas Unidos”.

Ajché fue quien sugirió que aquel primer plantón frente a la estación policial se tenía que convertir en algo más visible.

Llegado en 2004, Ajché tenía experiencia como parte del Centro de Justicia Laboral (en inglés Worker’s Justice Project), donde organizaba a jornaleros recién llegados a la ciudad y donde encontraba oportunidades de trabajo.

Muy pronto él mismo era enviado a iglesias y otros espacios a promocionar el trabajo del Centro. Eso le sirvió para desenvolverse públicamente, y en parte por ello él fue quien comenzó a hablar con la prensa después de las primeras acciones laborales de los deliveristas en 2020.

La fundadora del Centro de Justicia Laboral es una mujer ecuatoriana llamada Ligia Guallpa. Crecida en el Bronx, fundó el Centro como una iniciativa para educar, organizar y luchar para mejorar las condiciones laborales de trabajadores indocumentados en Nueva York.

Los llamados Deliveristas Unidos, junto a la organización de Guallpa, empezaron a empujar un paquete legislativo: un conjunto de seis leyes para regular a las aplicaciones de delivery y, de paso, a los restaurantes. La idea era mejorar las condiciones de trabajo de los repartidores.

Apenas organizados los deliveristas, un momento de inflexión importante provino de una tragedia. El 29 de marzo del 2021 el repartidor Francisco Villalba Vitino descansaba en el parque llamado Poor Richard’s en el East Harlem, Manhattan. Un hombre intentó robarle su bicicleta eléctrica, que llegan a costar más de $1700 dólares. En el forcejeo el ladrón disparó a Villalba Vitino y lo mató.

La rabia desatada por el asesinato de Villalba Vitino, que se sumaba a los robos, las intimidaciones, y otras violencias, convocaron a más de tres mil deliveristas a tomar las calles de Manhattan.

Tres semanas después del asesinato, los deliveristas marcharon y rodaron desde Times Square hasta el Ayuntamiento de la ciudad. Era la primera vez que esa cantidad de deliveristas tomaban las calles. Tres mil personas haciendo ruido, poniendo música de protesta a todo volumen y gritando consignas.

Aproximádamente tres mil deliveristas se manifestaron en las calles de Manhattan el 21 de abril del 2021. La manifestación recorrió más de cinco kilómetros en Manhattan, desde Times Square hasta el Ayuntamiento de Nueva York. Foto © Heriberto Paredes.

La presión pública creció hasta septiembre de 2021, cuando el gobierno de la ciudad aprobó leyes que obligan a los restaurantes a permitirles usar sus baños a los deliveristas, y a que se establezca un pago mínimo.

Desde entonces el pago mínimo se ha vuelto un elemento central en una batalla entre los representantes de la organización de los Deliveristas Unidos y otros deliveristas de a pie. Con el tiempo empezó a surgir otra duda fuerte sobre la organización que les dice representar: ¿qué ha pasado con el dinero donado al Centro de Justicia Laboral a nombre de los deliveristas?

Grandes donativos ¿para quién?

Gálvez participó en la protesta de abril de 2021 y más tarde se unió a los Deliveristas Unidos. Pensaba que desde ahí podría hacer más por sus compañeros, incluso apoyarlos cuando alguno se accidentaba. Pero ella dice que eso no fue posible.

“No hay dinero, diles que no hay dinero”, eran las palabras que Gálvez dice haber escuchado de sus superiores cuando preguntaba por apoyos para sus colegas enfermos o heridos.

En junio del 2022 Gálvez dejó de trabajar para Deliveristas Unidos y se volvió crítica de la organización. Aseguró en entrevista con Ojalá que nunca hubo una rendición de cuentas de los recursos que recaudaban a nombre de la causa deliverista.

Y junto con muchos deliveristas más, dice que hoy el gobierno de la ciudad junto a la organización Deliveristas Unidos (a través del Centro de Justicia Laboral) están promoviendo políticas que desfavorecen a la misma gente que dicen estar ayudando.

El 31 de marzo del 2023, cientos de deliveristas se juntaron en Union Square Park para marchar hasta las oficinas del ayuntamiento de la ciudad. Su demanda: exigirle a Ligia Guallpa y al Centro de Justicia Laboral que aclaren qué se ha hecho con el dinero recibido.

Gustavo Ajché, de Deliveristas Unidos, comentó en entrevista con Ojalá que los fondos que han recibido están etiquetados para proyectos o fines específicos, y que no existe un dinero para apoyar a las familias de los deliveristas cuando sufren algún accidente.

Incluso un miembro de Deliveristas Unidos, Antonio Martínez, abrió una campaña de donativos en línea para recibir apoyo después de sufrir un accidente. Ajché, y el propio Martínez con quien también platicamos, comentan que Deliveristas Unidos no está enfocada en apoyar a los repartidores después de un accidente. “Si hiciera eso, no alcanzarían los recursos”, dijo Ajché, mientras que Martínez recalcó que esa es una obligación de las empresas de delivery.

Para lo que sí ha habido recursos es para la construcción de un “Delivery hub headquarters” en el renombrado barrio de Williamsburg en Brooklyn. Allá instalarán una estación de carga para baterías, un taller para reparar bicis, y “un espacio para el desarrollo de la fuerza laboral y capacitación sobre sus derechos”, según un reporte en el New York Times.

Este centro costará $1.7 millones de dólares, de los cuales en enero de 2023 el Centro de Justicia Laboral dijo ya haber recaudado 1.5 millones. ¿De dónde?

Públicamente Guallpa dice no esconder nada, pero tampoco ha facilitado el acceso a la información financiera. Ojalá pudo recuperar información financiera porque el Centro de Justicia Laboral mueve sus recursos económicos a través de Third Sector New England, Inc. (TSNE), una organización aliada que es donataria autorizada y que tiene que hacer declaraciones anuales.

Los ingresos totales del Centro de Justicia Laboral en 2022 fueron 3 millones 68 mil dólares, un incremento de casi el doble de sus ingresos de 2020, cuando ingresaron 1 millón 560 mil dólares. Además, en 2019 el Centro de Justicia Laboral tenía un total de activos netos de 219 mil dólares, 10 veces menos de los 2 millones 180 mil que registraron en 2022.

En términos de sueldos y beneficios a sus empleados, pasó de gastar 621 mil dólares en 2019, a pagar 1 millón 128 mil en 2022, un aumento de más de 80 por ciento.

Los Deliveristas Unidos no son el único proyecto del Centro, pero el incremento de fondos en paralelo a las manifestaciones públicas es llamativo. Ojalá intentó hablar con Guallpa, pero nos derivó con sus colaboradores Ajché y Martínez. Ambos nos dijeron no estar al tanto de las finanzas de la organización.

Juan Solano habla al micrófono con Octavio López de lado durante la concentración del 14 de febrero de 2024 en Manhattan. Foto © Ángel Melgoza.

Deliveristas contra el salario mínimo

En junio del año pasado, el alcalde de Nueva York anunció con bombo y platillo el pago mínimo, agradeciendo con nombre y apellido a Guallpa y a Deliveristas Unidos. Recién en diciembre de 2023 la medida entró en vigor.

Las empresas están obligadas a pagar $17.96 por hora, una cifra que deberá aumentar a $19.96 para el 2025. Pero de acuerdo a la ley, hay dos métodos de pago que las empresas pueden elegir: uno es pagar $17.96 por hora, incluyendo todo el tiempo que un trabajador está conectado a la aplicación; o el método alternativo en que pagan $29.93 por hora, solo por el tiempo que se hace en realizar una entrega. Es decir, no les pagan el tiempo de espera por pedido.

En julio del 2023 las empresas de delivery Uber, DoorDash, Grubhub y Relay demandaron a la ciudad. Aseguraban que el establecimiento del pago afectará a los restaurantes, a los consumidores y a los propios repartidores, quienes tendrán que ser más monitoreados para asegurar exactamente el tiempo que trabajan al estar conectados a la aplicación.

Desde diciembre en Nueva York las apps eligieron un método para hacer efectivo el pago mínimo. Por ejemplo, Gálvez nos comenta que DoorDash solo paga el tiempo que un deliverista dedica a recoger un pedido y llevarlo al punto de entrega, el llamado ‘método alternativo’. Y Uber Eats y DoorDash cambiaron la opción de agregar una propina para los repartidores, que ahora aparece hasta después de hacer checkout.

Los migrantes cuentan que, después de las marchas, las presiones y las nuevas leyes del pago mínimo, las aplicaciones de delivery han estado impidiéndoles trabajar. Son bloqueados de las apps si no tienen una clave única para pagar impuestos en EEUU, el cual muchas personas indocumentadas no tienen. No pueden cobrar el dinero que han ganado en un cierto periodo de tiempo. Gálvez habla de diez o nueve mil dólares que sus compañeros tenían congelados, y muchas veces llegaron a perder.

Para evitar ser bloqueados y poder seguir trabajando, cientos de trabajadores se siguen organizando en grupos de WhatsApp, en Facebook, y en las calles de Nueva York, pidiendo dejar caer la iniciativa del salario mínimo.

Gálvez recuerda con especial coraje el 5 de mayo de 2023, el día de la Batalla de Puebla, que en Estados Unidos es la máxima celebración mexicana. Ese día miles de trabajadores fueron bloqueados de las aplicaciones. “Somos tan esenciales que hasta el 5 de mayo fuimos bloqueados la mayor parte de los deliveristas, tan esenciales que pasamos a ser desechables” dijo Gálvez. “Nos echaron como basura”.

Gálvez tiene semanas ganando casi la mitad del dinero que solía hacer antes de diciembre. Ella y un movimiento creciente de deliveristas se reunieron ayer para  protestar y organizarse. Su exigencia: que Deliveristas Unidos deje de aparecer como una organización que representa sus intereses, y que se eche abajo el pago mínimo para deliveristas en la ciudad de Nueva York.

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Este texto se publicó originalmente en Ojalá:

https://www.ojala.mx/es/ojala-es/deliveristas-enfrentan-precariedad

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