Hilos conductores desde hace 20 años: el caso de la represión del movimiento altermundista en Guadalajara

Manos libres

Por Francisco Macías Medina / @pacommedina (X) / @FranciscoMacias (TG)

Leía la columna de opinión “Son de todos” de Alma Delia Murillo en Mural, la cual hace referencia a el coraje para creer centrada en la espiritualidad que reflejan muchas madres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidos. 

Citó una frase del escritor Héctor Schmucler: La memoria no debería de preguntar qué pasó, sino cómo fue posible.  Me dio vueltas mis pensamientos al recordar los 20 años de las torturas a jóvenes y manifestantes en el marco de la Tercera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea.

Sobre lo que pasó, sería necesario informar a la comunidad, a los movimientos actuales y personas jóvenes la cronología de lo ocurrido, no sólo por su relevancia en la historia reciente de Guadalajara, sino por las conexiones actuales con la consolidación del autoritarismo, la posverdad y práctica de graves violaciones a los derechos humanos.

Basta con observar que varios de los candidatos y candidatas de partidos tradicionales, surgen del desarrollo de esas dinámicas que buscan permanecer e incrustarse como forma de vida de ellos y de la comunidad.

Responder a la pregunta de ¿cómo fue posible?, admite la urgencia de una respuesta, aunque sea rápida, incompleta y por supuesto sesgada.

Lo ocurrido en el 2004, fue posible porque como sociedad no aprendimos de las lecciones que nos dejó las movilizaciones de los damnificados de las explosiones del 22 de abril de 1992, que consistieron en la pérdida de vidas por la negligencia y omisiones del poder político cerrado, sin contrapesos y sin escucha. 

Que el autoritarismo y represión con la utilización de actores para estatales y la misma policía, se propuso en aquel entonces como herencia y fortaleza de gobiernos para restringir, reprimir y silenciar todas aquellas voces que buscaban denunciar, abrir espacios, reclamar, movilizar y organizar, lo que fue permeando a su manera, como dinámica en instituciones sociales como iglesias, universidades o mesas de redacción de medios de comunicación.

La respuesta vino de la auto organización en lo pequeño, en los espacios autogestionados, en la colaboración de varios actores políticos con visiones alternativas – incluso en contra de la de sus propios partidos-, académicos con los pies puestos en un territorio, organizaciones con un quehacer puesto en la dignidad y lo que no podía volver a ocurrir, periodistas que asumiendo el riesgo pusieron su grabadora y micrófono al servicio de las voces que anunciaban un futuro, personas con una visión plural para tender puentes y aprovechar la reflexión de las diferencias pero sin perder el sentido del hacer. 

Al centro, el movimiento de personas afectadas que con su caminar desde el dolor de un daño construyeron una pedagogía para no desviarse en otros intereses, fue la base que empujó una nueva visión de lo que no se quería y a lo que se aspiraba.

El entorno permitió la alternancia partidista en Jalisco (con el Partido Acción Nacional), una de las primeras que se darían a nivel nacional y que como proceso largo y difícil en algunos momentos permitió reformas legales, la llegada de instituciones que conectaban con la necesidad de la defensa y promoción de los derechos humanos, de combate a la violencia en contra de las mujeres, en momentos muy efímeros la  oposición a la utilización de la tortura como forma de justicia sumaria, entre otras.

Sin embargo, permitió la llegada de jefes policiacos cuya política de seguridad era la fuerza y el tolete – basta recordar el caso del ex jefe policiaco Enrique Cerón Mejía en la tortura y violación de un detenido-. Ante el incremento de la violencia propiciada por la delincuencia organizada, se facilitó la llegada de militares que sumieron a la entidad en la olla de los intereses de sus alianzas, dinámicas, y violencias homicidas, sin que surgieran instituciones policiacas civiles que estuvieran a la altura de los retos. Hasta se permitió el asesinato por arma de fuego por parte de una corporación federal de varios internos en el núcleo penitenciario de Puente Grande, con el pretexto de combatir un motín propiciado por el autogobierno.

La administración de justicia en la alternancia partidista resistió y cedió a la negociación y a la prebenda de las cuotas de las instituciones políticas, desde entonces se ha constituido como herencia intergeneracional.

El paso de una alternancia a una secuencia de gobiernos del mismo partido, muy probablemente por la carencia de otras propuestas políticas y el miedo difuso que caracteriza a la sociedad de Jalisco, sumado a la jerarquización de la misma sociedad, ya que en Jalisco se construyó fuertemente una visión de gobierno con una gran influencia de los intereses de empresarios, inversionistas e incluso por momentos de visiones de moral religiosa, fue cerrando aún más la pluralidad y el reconocimiento de realidades a pesar de que en la práctica, en el contexto social ocurrían grandes cambios no vistos desde esos limitados pasillos.

Esa base facilitó la consolidación de la necesidad de contar con gobernantes de mano dura, consistente en una toma de decisiones, sin contrapesos y con un apoyo mayoritario que incluía los medios de comunicación masivos. La llegada del gobierno de Francisco Ramírez Acuña, quien se consideraba un actor clave por su diálogo con todas las fuerzas políticas, sobre todo con dinámicas y prácticas del pasado, era el perfil ideal para ello.

Su sexenio acumuló más de 700 quejas por violaciones a los derechos humanos ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, todas ellas graves, es el creador de un sub modelo de procuración de justicia que busca responder sólo a los intereses de poder en turno, caracterizado por falta de innovación, de rendición de cuentas de su personal, una gran capacidad reactiva para la represión y limitado impacto en sus indicadores, como el combate a la impunidad o cifra negra de delitos, sentencias, reparaciones del daño o cumplimiento de órdenes de aprehensión. La institución se refunda con un nuevo modelo como satélite de los intereses de poder que ha formado toda una generación de cuadros, desde Gerardo Octavio Solís Gómez (dos veces procurador y ex gobernador del estado) hasta el actual fiscal, personal que durante el sexenio de Felipe Calderón fue exportado a la Secretaría de Gobernación.

Con su llegada se redujo más el margen social, la prueba se constató en la represión del 2022, durante una fiesta Rave que se desarrollaba en Tlajomulco de Zúñiga con la presencia de más de mil jóvenes, la policía reprimió el espacio de diversión juvenil y generó tratos crueles, inhumanos y degradantes a muchos de ellos, con ello se reafirmó a la tortura como medio de control de las juventudes y reprodujo una visión autoritaria de mandos policiacos cubiertos por la impunidad. Ahí si existió la mencionada coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Se estigmatizó en medios de comunicación a las y los jóvenes, se les acusó de consumidores. La sociedad volvió a reclamar protección y los gobernantes se mantuvieron en sus acciones y dichos, sin que mediaran sanciones de por medio.

Sin embargo, grupos de la sociedad civil y actores de la comunidad, documentaron y denunciaron las graves violaciones a los derechos humanos, surgió desde entonces la necesidad de contar con un centro de derechos humanos independiente que documentara y defendiera los casos.

Hace 20 años, la ciudad era una que en momentos despertaba y en otros dormía, apenas se sembraba la idea originaria de una metrópolis de futuro, moderna, más parecida a la iconografía de los espacios globales con una visión de futuro que en la búsqueda de una identidad propia. 

Se critica a Guadalajara por su pasividad, pero la realidad es que siempre ha dado muestras de movilización social y organización, muy a sus manera, tiempo y espacio.

Un poco antes del año de 2004, se anunció que seríamos durante mayo sede de lo cual implicaba mostrar una imagen impecable de la ciudad, donde se realzara su limpieza, sus edificios y su relevancia para el país.

Al mismo tiempo, se convocó a todo el Movimiento Altermundista para reunirse, discutir otro mundo posible y realizar manifestaciones simbólicas, lo cual fue organizado por una red amplia de movimientos sociales, desde quienes defendían la naturaleza, pasando por los derechos de las mujeres, pueblos originarios, maestros/as y organizaciones de izquierda, hasta grupos eclesiales.

Las y los jóvenes fueron clave porque sin su ingenio, libertad, propuesta, alegría, su visión fuera de lo acostumbrado y su toma de las calles, no hubiera existido una contestación a una cumbre que buscaba la imagen, la alfombra roja y el realce de algunos personajes de aquel entonces. Desde antes y con mucha fuerza desde entonces la calle adquiere otro significado, entre ellos el del riesgo de ser señalado por las autoridades.

El movimiento altermundista logró generar discurso, debate y cuestionamientos para defender las condiciones que impulsan la vida desde una visión latinoamericana. Las y los jóvenes fueron el corazón y por eso el Estado puso su mirada en ellos.

El estado duro y autoritario, no podía permitir una falta de control en medio de un evento internacional y de una ideología donde lo diferente no tenía lugar. Se cerró intencionalmente todo el centro de la ciudad, las vallas que se colocaron se muestran como proféticas de los que son actualmente nuestros gobiernos, amurallados desde sus redes, dichos, sedes y personajes. Impermeables.

La realización de la marcha fue la oportunidad para los movimientos de mostrar la existencia de un contexto más grande que uno de cerrazón localista, renovar la postura de que existía dignidad y personas de muchas partes puestas a la tarea en ello, sobre todo jóvenes. Fue cauce para la asistencia de muchas expresiones, organizadas o no.

La acción fue infiltrada por actores estatales, policías o servidores públicos vestidos de civiles aparentando ser manifestantes, fungieron como provocadores para alentar la represión y detención masiva de manifestantes. Centenas de ellos fueron torturados, la sede de la Secretaría de Seguridad y la Fiscalía, desde entonces envían mensajes que prohíben la movilización y la expresión si no es bajo sus reglas. 

La respuesta fue la colocación de Jalisco como ejemplo de graves violaciones a los derechos humanos a nivel internacional a través de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Amnistía Internacional y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, aunque no hubo sanciones, quedó claro el mensaje de que la organización plural, la calle, la sensibilidad a las realidades de cientos de personas que son tratadas sin dignidad y la urgente necesidad de acompañar y denunciar, serían el camino de futuro que se vislumbra hasta hoy.

Ayer fueron los damnificados, campesinos, defensores del territorio, hoy son las familias de personas desaparecidas, jóvenes como los que se manifestaron el 4, 5 y 6 de junio, mujeres, comunidad LGBTIQ+, entre otros.

La llegada de otros partidos al poder, sólo constituyen un simple ensamble mientras no se desarticule el ”modelo” que refleja el  rostro autoritario que se ha consolidado en Jalisco.

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Francisco Macías Migrante de experiencias, observador de barrio, reflexiono temas de derechos humanos.

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