Desde la madrugada, colectivos, pueblos en resistencia, artistas y medios libres tomaron la Plaza Palestina Libre en la jornada Un rumor se levanta, un encuentro político-cultural donde la palabra colectiva denunció el despojo territorial, la desaparición forzada, el acaparamiento del agua y la mercantilización de la ciudad.
Por Mario Marlo / @Mariomarlo
Fotografías: Denisse Ureña / @denisseure_ Jorge Yeicatl/ @desconocido_tour y Mario Marlo / @Mariomarlo
A las cuatro de la mañana, cuando la ciudad aún no despierta, la Plaza Palestina Libre ya estaba en movimiento. Frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores, a un costado del Hemiciclo a Juárez —espacio que la ciudadanía organizada ha resignificado— comenzaron a levantarse las primeras estructuras del escenario. Sonido, cables, lonas y mesas se acomodaban mientras el día clareaba. Así inició la jornada político-cultural Un rumor se levanta, un encuentro que, más que un festival, se convirtió en un ejercicio colectivo de memoria, denuncia y organización.
Desde temprano llegaron jóvenes, pueblos que defienden su territorio, músicos, artistas visuales, medios libres y colectivos. La plaza se fue poblando también de vendimia autogestiva, puestos de comida comunitaria y espacios lúdicos. Entre ellos, una cancha improvisada de fútbol y futbolito, instalada como gesto político: una protesta contra el Mundial y los proyectos de despojo que lo acompañan.
El evento comenzó formalmente a las 11 de la mañana con la presentación del libro ¿De qué nos van a perdonar?, obra editada en conmemoración de los 30 años del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El libro fue publicado por la revista digital Desinformémonos, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo y dio inicio a una jornada marcada por posicionamientos políticos, expresiones culturales y denuncias colectivas.
Habitantes de Milpa Alta tomaron la palabra para denunciar la imposición del proyecto del Cablebús en su territorio. “No se trata de oponerse al desarrollo, sino de señalar que la obra no responde a las necesidades reales de la comunidad.”
Recordaron que de los cerros de Milpa Alta y Tlalpan provienen siete de cada diez vasos de agua que se consumen en la Ciudad de México. “Si el bosque colapsa, la ciudad colapsa”,advirtieron. Denunciaron además que no ha existido consulta a los comuneros, quienes son —en sus palabras— los dueños legítimos de la tierra. “Estamos en resistencia como desde hace más de cinco siglos”,afirmaron, enlazando la lucha actual con una memoria histórica de despojo que no ha terminado.

Uno de los pronunciamientos más contundente fue el titulado Un rumor se levanta en el Mundial del Despojo, leído por Mar Guerrero que desmontó el relato oficial que presenta al Mundial como una fiesta y un motor de progreso.
Desde la plaza se denunció que la ciudad se está planeando para el turismo y la inversión privada, no para quienes la habitan. Se habló del encarecimiento de servicios, el aumento de desalojos, la turistificación, la corrupción inmobiliaria y la pérdida de espacios públicos. Se recordó que la FIFA no pagará impuestos en México durante diez años, mientras el Estado asume los costos económicos y de seguridad, incluida una militarización que —advirtieron— podría criminalizar a quienes resisten.
Se resaltaron casos como la concesión de agua para la remodelación del Estadio Azteca, la expulsión de comerciantes por obras “verdes”, el hostigamiento a trabajadoras sexuales y la limpieza social disfrazada de modernización. El llamado final fue boicotear el Mundial del Despojo y organizarse para frenar la turistificación.
En el eje contra el acaparamiento del agua, tomó la palabra los Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes, una articulación que agrupa a más de 20 pueblos nahuas de Puebla y Tlaxcala. Desde el escenario, su vocera subrayó que su territorio no se define por límites administrativos, sino por la relación histórica con la tierra y el agua.
“Nuestra región no se limita con las líneas imaginarias que marcan los municipios. Nuestra región se conforma de la tierra, el agua, los ecosistemas, nuestra historia y cultura compartida”,expresaron al inicio de su pronunciamiento.




Recordaron que su lucha es de larga data y se inscribe en una memoria colectiva de resistencia. “Vivimos, sembramos y luchamos en la zona de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Heredamos una larga historia de lucha en defensa de nuestro territorio”, señalaron, al tiempo que enumeraron distintos procesos organizativos con los que han logrado frenar basureros, gasoductos, pozos profundos y proyectos industriales que amenazaban sus comunidades.
Durante el mensaje, denunciaron la criminalización actual contra defensores del agua y la tierra, así como el hostigamiento de autoridades y empresas. “El gobierno y las empresas intentan intimidar a los pueblos persiguiendo y criminalizando a nuestros compañeros”, advirtieron, al referirse a los plantones que mantienen para impedir la perforación de pozos y la reapertura de basureros en la región.
El pronunciamiento cerró con un mensaje que vinculó la defensa del territorio local con las luchas globales. “La lucha contra este sistema de muerte es la misma en cualquier punto del planeta”.
Durante la jornada cultural Un rumor se levanta, familiares de personas desaparecidas tomaron el escenariopara dar lectura a posicionamientos públicos en los que exigieron la localización inmediata de sus seres queridos. Sus intervenciones colocaron en el centro la persistencia de la desaparición forzada en el país y la falta de respuestas efectivas por parte de las autoridades, en un contexto marcado por la impunidad.
La acción estuvo acompañada por la colocación de pan, cartas y los rostros de las personas ausentes, dispuestos frente al público como un acto de memoria y denuncia. Los objetos, cargados de significado cotidiano, transformaron el espacio en un sitio de duelo colectivo y recordaron que la exigencia no es simbólica: se trata de vidas que siguen siendo buscadas.
La tarde y la noche avanzaron con una extensa participación artística: Los Nacos, grupo surgido en el contexto del movimiento estudiantil de 1968; Amelia Escalante; La Otra Rima; Leticia Servín; La Coraza, un espacio musical seguro para mujeres; Barro Rojo Arte Escénico; Botellita Retornable; Rafael Mendoza, quien expresó solidaridad con el periodista Jorge Meléndez; Lengualerta, León Chávez Teixeiro y Les Profugues del Manikomio, Mexican Sound System, Las Musas Sonideras, Cruz del Sur y el cierre con Taller El Pájaro Carpintero.
Mientras tanto, la plaza seguía viva: fotografía, arte gráfico, comida de comunidades indígenas, intercambio, conversación. No hubo vallas ni accesos restringidos. El espacio público fue, por un día, realmente público.

Un rumor se levanta fue un evento autogestivo y sin fines de lucro, sostenido por cooperación solidaria. Pero más allá de su logística, fue un ejercicio de comunicación libre en un contexto marcado por la violencia estructural, la criminalización de la protesta y la concentración del poder mediático.
Desde la madrugada hasta la noche, la plaza fue tomada por la palabra colectiva. No como grito aislado, sino como murmullo persistente que se hace voz. Un rumor que no anuncia fiesta, sino memoria, denuncia y organización frente a un modelo que convierte la vida, el agua y la ciudad en mercancía.

















