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El perifoneo comunitario ha sido, durante décadas, una de las principales formas de comunicación en pueblos y colonias de México. Antes del internet y las redes sociales, una bocina instalada en lo alto del territorio bastaba para mantener informada a toda la comunidad. A través de ella se anunciaban acontecimientos que marcaban la vida colectiva: fallecimientos, reuniones, ventas, emergencias o celebraciones. La voz amplificada recorría calles y cerros, conectando a las personas con su entorno inmediato.
Por Mario Marlo / @Mariomarlo
Este sistema de comunicación no sólo cumplía una función práctica, sino que fortalecía el tejido comunitario. El perifoneo era un acto público y compartido: todos escuchaban el mismo mensaje al mismo tiempo. No había intermediarios, algoritmos ni barreras tecnológicas. La información circulaba de manera horizontal, basada en la confianza y el reconocimiento mutuo entre quienes emitían y quienes escuchaban.
En contextos donde el acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación ha sido históricamente limitado, el perifoneo ha garantizado el derecho a la información. En comunidades indígenas y rurales, donde la brecha digital persiste, las bocinas han sustituido al internet como un medio inmediato y accesible para la comunicación local. Su uso responde a la necesidad de informar con rapidez, pero también de sostener la organización y la vida comunitaria.
El perifoneo es parte de una tradición de comunicación popular que se adapta a las condiciones del territorio. Aunque algunas comunidades han incorporado tecnologías más avanzadas, el principio sigue siendo el mismo: comunicar desde y para la comunidad. En muchos casos, este sistema convive con radios comunitarias, teléfonos satelitales o redes locales, demostrando que la comunicación no depende exclusivamente de la conectividad digital.


