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La desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres: un enfoque desde el conflicto.

La desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres: un enfoque desde el conflicto.

Por Francisco Macías / @pacommedina

La entrada de los nuevos gobiernos con sus respectivas etiquetas, sean refundaciones o transformaciones, implica la observación de sus intenciones y al mismo tiempo de sus realizaciones.

Observar la capacidad de diálogo, de cooperación compleja y de resolución de las diferencias entre las partes es muy importante. En este sentido se dio un ejemplo contrario a lo ocurrido con el Instituto Jalisciense de las Mujeres con el proceso de selección de la nueva Fiscal Especializada en Personas Desaparecidas, en él se fijaron decisiones desde las diferencias entre las partes – la Secretaría de Participación, la Fiscalía estatal, colectivos de familiares de desaparecidos y organismos de la sociedad civil-, con la mira puesta no en un objetivo común utópico si no en un escenario que pudiera ocurrir: el no contar con el mecanismo incrementaría la impunidad.

Caminaron paso a paso y durante el trayecto construyeron el propio camino con libertad y creatividad, esto independientemente del nivel de confianza, la pregunta es ¿qué les motivó a cooperar de forma diversa?, ¿qué posibilita el equilibrio y confianza en el hacer libre sin excluir las posturas?, ¿de qué manera tender puentes entre la lucha y la participación no condicionada?

En el caso del Instituto Jalisciense de las Mujeres, más allá de la fundamentación de la propuesta en discusión encontramos lo contrario: un planteamiento que inicialmente generó un intercambio de ideas pero sin la construcción de lo que pudiera ocurrir, no en la iniciativa sino en la situación de emergencia en la que se encuentran los derechos de las mujeres desde todas las posturas.

Aún con las divergencias visibles desde un principio y que debieron de haber servido de palanca de cambio, se decidió abrir paso a un discurso confirmatorio de la propia postura pero “enemificante” al calificar la existencia de “intereses de grupo” y de argumentos mentirosos, falsos, chantajistas y desinformados, además de denostar a las propias defensoras de los derechos precisamente por ejercer su derecho a la crítica con el propio IJM (video).

El discurso del enemigo tan utilizado en la actualidad, posibilita la circulación de pocos argumentos, regularmente los propios y que se encuentran caracterizados por la carencia de complejidad (existencia de múltiples visiones) con el agregado de ofrecer una lógica de superioridad y de una estrategia que busca forzar la decisión. 

Lamentablemente la aprobación de la reforma por parte del Poder Legislativo, sin discusión en comisiones legislativas y en el Pleno refuerza esta dimensión, que precisamente coloca en riesgo el futuro en la construcción y aplicación de las políticas públicas.

Es comprensible que por nuestra incipiente transición a la democracia carezcamos de prácticas y referentes que posibiliten colaboraciones complejas debido a una larga tradición dañina de diálogos en donde se niega el conflicto y se pretende controlar el significado del problema, el proceso y hasta la solución, tan útiles sólo en grupos y realidades homogéneas como el de las disciplinadas militancias partidistas.

Para nuestra fortuna la sociedad y sus grupos son complejos, cuentan con razones y motivaciones diferentes a las nuestras, las cuales deben colocarse para ser reconocidas, precisadas, sentidas, vividas, no cambiadas, sino significadas en un plano en el que podamos observar que lo conveniente no es imponer nuestro único punto de vista, renunciar a nuestro posicionamiento para adaptarnos en una resignación inexistente o alejarnos para mantener la situación existente.  

El incentivo es colaborar, aceptar que no tenemos todas las piezas de la realidad y que las otras personas también tienen mucho que aportar, reconocer el conflicto pero también la conexión con todos los que están en búsqueda de que las cosas cambien — en la Secretaría de Igualdad Sustantiva hay personas valiosas —, abrirse a la experimentación y apostarle a una colaboración elástica que nos haga dar pasos a lo común.

Quizás la diferencia está en el equilibrio entre el ejercicio de poder y el amor que nos unifica en la diversidad en las causas.

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