Ausencias/Presencias no reivindica el papel de las artistas y sus historias

Por Alejandra Carrillo, columna invitada

En cuanto a lo importante de reivindicar nuestra historia, las buenas intenciones por sí solas no funcionan. Esto lo comprobó la exposición inaugurada en el Instituto Cultural Cabañas en el marco del 8 de marzo, lleva por título Ausencias/presencias, una aparente autocrítica de sus colecciones de arte plástico y de la mínima representación femenina que las componen.

Si bien estas colecciones deben representar la producción plástica de Jalisco, solo incluyen la que está hecha por hombres: de las mil 457 piezas de arte plástico que las conforman sólo 47 son realizadas por mujeres, es decir 16.7 por ciento.

Con un tono que buscaba ser audaz, las autoridades del museo dirigido por Susana Chávez Brandon en una rueda de prensa, mostraron estas cifras con la consigna de dar un primer paso en busca de la paridad: en la exposición hay una larga lista en vinilo con los nombres de los y las artistas de la expo, en donde aparecen las 47 mujeres y cuatro hombres, pero ya en las seis salas de esta revisión, tres son dedicadas a las piezas de los cuatro hombres y solo una corresponde al trabajo de estas mujeres.

Las piezas que eligieron son la visión de los artistas varones representando a la mujer. Hasta la imagen de la invitación es un retrato hecho por un hombre. Como si para reivindicar la historia de los afrodescendientes en el arte utilizaran obras de artistas blancos representando sus luchas.

El Cabañas reprodujo lo que intenta criticar legitimando el mismo mensaje que ha mantenido a las mujeres en una postura pasiva, de modelos, durante la historia del arte a pesar de sus buenas intenciones. La curaduría de Rubén Méndez en Ausencias/Presenciasse centra en los hombres, en lo maravilloso de los dibujos de Orozco en lo genial de los retratos que hicieron Octaviano de la Mora y José María Lupercio. A las artistas las aglutinaron en una sala, de algunas piezas apenas se tiene información y se dan pocos detalles de las autoras y para tapar una de las ausencias de más peso, pidieron prestada a un particular una pintura de pequeño formato de María Izquierdo.

En un recorrido alternativo que dieron el 8 y el 9 de marzo invitadas por la dirección del Cabañas, algunas de las integrantes de la Liga de Artistas y Creadoras (LAC) de Jalisco se posicionaron en torno a esta curaduría y reprobaron firmemente las decisiones que se tomaron. En voz alta, recordaron que la labor de exponer por exponer los cuadros que a veces hasta por casualidad tienen de las pocas mujeres que integran la colección, no aportaba nada y que como es visible Ausencias/Presencias no reivindica el papel de las artistas y sus historias.

Como hicieron con Hembras la controversial exposición de Víctor Hugo Pérez y Juan Carlos Macías que inauguró el Museo de las Artes el año pasado, ofrecieron una lectura crítica de los cuadros, con un acento especial en la poca información con la que cuenta el mismo museo, pero en general los libros de historia de arte mexicano, sobre las autoras, señalaron incluso que las piezas expuestas ni siquiera son los mejores ejemplos de sus cuerpos de obra y que de entre tantas talentosas curadoras jaliscienses hayan elegido a un hombre para la labor.

Y fueron más allá, en la última sala de la muestra, esa que pretender ser más audaz poniendo espejos en los que se refleja el espectador rodeado de preguntas como “¿qué te pareció la muestra?” o “¿cómo crees que se puedan corregir los problemas de desigualdad de género en el arte?”, las artistas de LAC hicieron un performance en el que llenaron el espejo con los nombres de las más renombradas artistas mexicanas y jaliscienses desde Frida Kahlo hasta Teresa Margolles, pasando por la fotógrafa Paula Islas, la artista visual Rocío Sáenz, la escultora Dolores Ortiz, la pintora Carmen Mondragón, Juana Díaz, Leonora Carrington y un largo etcétera bajo el reclamo en voz alta: ¿Dónde están?

El problema de todo esto es que no se trata solo del Cabañas, aunque es un ejemplo especialmente relevante por tratarse del espacio cultural más importante del estado, quizá de todo el Occidente, sino de la mayoría de los espacios expositivos municipales, estatales, la escultura pública, las colecciones particulares, las bienales de pintura, los festivales de cine y las ferias del libro, los emporios editoriales en la literatura, las aulas y las becas en las academias.

Seguimos siendo minoría: las autoridades siguen contando solamente la mitad de la realidad que vivimos, la que ven e interpretan ellos. Siguen ignorando una voz que para su mala suerte no está dispuesta a continuar soterrada y está perfectamente en paz con su actitud incómoda. La deuda es enorme y se hace más gorda y despiadada cuanto más progresistas se proclaman quienes toman esas decisiones: aunque los miembros de la actual administración en la Secretaría de Cultura han mencionado que la paridad de género es una de sus más grandes preocupaciones, en la práctica las cosas siguen igual. Y si bien este es un primer paso, no sirve de mucho si no es un paso contundente.

Este será un reclamo pendiente hasta que no haya exactamente la misma cantidad de artistas mujeres que hombres exponiendo en nuestros espacios y si los funcionarios y los artistas siguen poniendo como pretexto el supuesto de la calidad por encima de la paridad, seguiremos dando vueltas en los siglos que dejamos atrás, y aquí retomo una frase que leyeron en el recorrido las miembras de LAC: ¿Acaso las pintoras sostienen el pincel diferente por tener vagina?

Intervención de las obras por parte del colectivo de artistas. Fotos: Alejandra Carrillo.

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