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Quedarse en casa no es opción para los enfermos renales, deben salir para recibir su tratamiento y seguir viviendo

Quedarse en casa no es opción para los enfermos renales, deben salir para recibir su tratamiento y seguir viviendo

Respetar la cuarentena es muy complicado cuando tu vida depende de asistir tres veces por semana a recibir una sesión de hemodiálisis.  Las clínicas están llenas de personas que lidian con una enfermedad desgastante, triste y complicada, algunos de ellos son trasladados en ambulancias y todos están preocupados por recibir su tratamiento correctamente, aun, si salir de casa implica el riesgo a contagiarse de COVID-19.

Los enfermos renales no pueden suspender su tratamiento, pues dependen de un filtro especial que limpia su sangre y elimina las toxinas que el cuerpo por si solo ya no puede desechar.  Es un proceso que tarda de tres a cuatro horas, y durante su sesión es importante que un familiar los acompañe, pues en caso de existir complicaciones, debe haber un responsable del paciente.

Por Sofía Ávila/@anasofiaavila10

Gloria es una señora de 65 años que ha sido hemodializada tres veces por semana desde hace más de dos años, sus tres hijas se turnan para acompañarla, y una ambulancia la recoge desde su domicilio para que pueda recibir su tratamiento en Jalisco.

Así como la señora Gloria hay otros pacientes con los que comparte turno, cada uno con complicaciones diferentes, unos han perdido la vista, otros se encuentran constantemente hospitalizados y hay quienes ya han perdido la batalla.

Su rutina diaria se ve intervenida por medicamentos, dietas estrictas, chequeos y cansancio, pero ahora hay una complicación extra por la que deben preocuparse. Los enfermos renales tienen un sistema inmunológico débil, muchos tienen enfermedades como diabetes o hipertensión, y su exposición a la calle para recibir su tratamiento los vuelve más que vulnerables para contagiarse de COVID-19

La clínica de hemodiálisis en donde la señora Gloria recibe su tratamiento ha tomado las medidas de prevención necesarias para evitar contagios y exponer lo menos posible tanto al personal, como a los enfermos y a sus familiares.

Anteriormente, el familiar que acompañaba al enfermo podía esperar dentro de la misma clínica a que este saliera de su sesión, sin embargo, ejecutar esa misma acción en estos momentos es exponerse al contagio. La clínica ha decidido clausurar algunos de los asientos donde solían esperar, con el motivo de respetar la sana distancia, pero ahora los familiares deben irse, y como dice Arimay, la hija de la señora Gloria:

 “Pues si alcanzas lugar que bueno, sino te las tienes que arreglar para irte a otro lado”.

También los horarios han cambiado, ahora ya no llegan todos los pacientes en un sólo turno, sino que cada uno de ellos debe acudir en horarios secuenciales para evitar aglomeraciones. Para la señora Gloria esto representa un problema, pues a ella la transportan desde su casa y hasta la clínica en una ambulancia del Instituto Mexicano del Seguro Social(IMSS), y éstas no tienen un horario fijo para recogerla y llegar a su cita.

Es decir, saben que la señora tiene que estar a las 2:00 p.m. en la clínica para recibir su tratamiento, sin embargo, el horario para recogerla en su casa va desde las 11:00 a.m. y hasta la 1:00 p.m., incluso, a la hora que “se pueda”, por lo que, suele llegar con bastante anticipación a recibir su tratamiento y puede permanecer en espera por varias horas, hasta que llegue su turno:

 “Es a la hora que ellos llegan y te tienes que estar lista” dice Arimay, hija de la señora Gloria.

Como la ambulancia las recoge a “la hora que se puede”, ellas llegan hasta hora y media antes de su horario, situación que les ha provocado problemas con los médicos que le atienden. Según relatan Arimay y la señora Gloria, uno de ellos las corrió porque “no estaban respetando el horario que les correspondía”. Desde ese día, no importa que tan temprano las dejen en la clínica, ellas prefieren esperar en la calle o en donde se pueda.

Como la ambulancia las recoge a “la hora que se puede”, ellas llegan hasta hora y media antes de su horario, situación que les ha provocado problemas con los médicos que le atienden. Según relatan Arimay y la señora Gloria, uno de ellos las corrió porque “no estaban respetando el horario que les correspondía”. Desde ese día, no importa que tan temprano las dejen en la clínica, ellas prefieren esperar en la calle o en donde se pueda.

El riesgo de contagio aumenta cuando dejan sus casas, pero no tienen otra opción, no hay forma en la que puedan abandonar su tratamiento, entonces, prefieren arriesgarse a contagiarse en el transporte público, la calle o hasta en la misma clínica.

Hace un par de semanas, una de las personas que recibe hemodiálisis en el mismo lugar donde lo hace la señora Gloria, tuvo que ser transportada en ambulancia desde el Hospital Ayala hasta la clínica, si bien, se encontraba hospitalizada, necesitaba recibir su tratamiento. Cuando llegó a la clínica, los enfermeros se dieron cuenta de que presentaba síntomas de COVID-19 e inmediatamente la aislaron.

El camillero que la trasporto no sabía de su condición y después de dejarle, se fue a recoger a Doña Gloria. Cuando llegaron a la clínica les dijeron lo sucedido, fue entonces que se dieron cuenta que los tres -Arimay, la señora Gloria y el camillero- había estado en la misma ambulancia donde se transportó a la persona con presuntos síntomas de COVID-19.

Afortunadamente se le realizó una prueba y ésta salió negativa. No obstante, aún no pueden explicarse como es que dejaron pasar esa situación, pues pusieron en riesgo a un grupo vulnerable de personas a un posible contagio:

 “Claro que nos dio miedo, todos en la clínica se llevaron un pinche sustazo”, afirma Arimay.

A las personas con enfermedades renales les preocupa contagiarse de COVID- 19, no sólo porque son más vulnerables, sino porque desconocen si en caso de ser portadores del virus, podrían seguir recibiendo su tratamiento, ya que, no les han informado nada al respecto y están conscientes del riesgo que significaría contagiar a otra persona que tiene la misma enfermedad que ellos.

La familia de la señora Gloria sabe las consecuencias de exponerse, también, que al no respetar la cuarentena sus posibilidades de contagio aumentan. Han buscado la forma de cuidarse según las recomendaciones oficiales, se lavan constantemente las manos, utilizan cubrebocas, limpian minuciosamente su casa, pero no pueden evitar salir a la calle y ese es el problema principal.

Así como la señora Gloria hay muchos enfermos renales que reciben hemodiálisis y deben continuar su tratamiento aun en las peores situaciones. Ellos no tienen el privilegio de recibir el tratamiento en sus casas; y así lleguen en carro, camión, o caminando y con el riesgo a contagiarse, tienen que llegar a su sesión.

De salir de sus casas depende el seguir viviendo.

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