Sana distancia a medidas ineficientes

Columna: La Consigna

Por Federico Gómez /@FedericoGomezMx

Hago política desde que nació el 132.

En las últimas semanas, muchos hemos asegurado que las cifras reales de personas que portan COVID-19 en nuestro país es sustancialmente mayor al número de casos que se han confirmado; debido a una simple razón: no se están aplicando las suficientes pruebas.

Para ello, la Universidad de Stanford se tomó la tarea de estimar el nivel de contagio en el condado de Santa Clara California, usando pruebas de serología para identificar anticuerpos. Fue una encuesta científica que se aplicó a 330 mil personas. Donde se observa que 63 mil residentes ya han tenido contacto con el virus, esto quiere decir un 3.3% de la población total (1.9 millones de habitantes) de dicho condado. La cifra que se estima es 35 veces mayor a los mil 833 casos confirmados que ha reportado el Departamento de Salud de California al 17 de abril. Ciertamente los números que presentan los gobiernos, están muy lejos de acercarse a la realidad.

Con esto la Universidad de Stanford estima que el número de contagios, está siendo 50-85 veces mayor a lo que se reporta oficialmente en Estados Unidos. Si ese 50-85 se aplicara en México, aún tomando en cuenta que somos de los que menos pruebas hace de acuerdo a la OCDE, se estimaría que para el 03 de mayo habría de 1.2 a 2 millones de personas que ya han portado el virus e, incluso, que ya han desarrollado anticuerpos. Cifra que contrasta notablemente con los 23 mil 905 casos que se han confirmado (hasta el 4 de mayo).

La investigadora Rosa María del Ángel del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, mencionó que las infecciones comenzarán a bajar cuando el 50% de la población ya haya tenido contacto con el patógeno. Así que aún falta un gran tramo para que el virus llegue a 65 millones de mexicanxs; que puedan desarrollar anticuerpos. Si bien, la inmunidad colectiva no es un objetivo a alcanzar, es claro que tarde o temprano llegará. Rosa, que trabaja en el Departamento de Infectómica y Patogénesis Molecular asegura que como cualquier coronavirus, el COVID-19 podría regresar cada año aunque con otras cifras de infección.

Frente al gigantesco tramo que nos falta por recorrer para llegar a la inmunidad colectiva, la respuesta de los gobiernos en el mundo ha distado mucho de las expectativas que la opinión pública desearía. Por un lado, observamos países asiáticos, donde lo coercitivo ya formaba parte de su realidad; la población siempre ha tenido que acatar; ahí con pocas medidas nuevas el virus se controla con total naturalidad.

Del otro extremo, países donde hay una alta colaboración, apelando a la confianza que los gobernados tienen a sus políticos: sin imposiciones, sin confinamiento, sin afectar su economía; obtienen grandes resultados. Y por último, aquellos lugares donde a falta de credibilidad; la autoridad se ha aprovechado de la situación para limitar derechos (tolerancia cero), e invisibilizar otras grandes crisis, que dejan notablemente más muertos que el COVID-19. China, Suecia y Jalisco (México).

Observamos cómo el mundo se disputa el contraste de resultados, ¿quién tiene la menor tasa de mortalidad?, y ¿quién tiene el menor impacto económico?

Combatir el COVID-19 con medidas represivas, como la que denunció Guillermo del Toro sobre el municipio de Tala, pone en riesgo a la población frente a una autoridad que históricamente ha sido poco profesionalizada y suele usar la ley para extorsionar al ciudadano de a pie. Y que con la crisis económica que se vive, poco interés hay en siquiera portar de forma correcta el cubrebocas adecuado (95), al hacer una detención.

Una vez más, las personas salimos a desmentir el relato que hoy pone en riesgo nuestros derechos y que Casa Jalisco quisiera leer en una campaña electoral: “Un héroe salvó el estado decretando cero tolerancia”. Esta crisis le cae como anillo al dedo a demagogos; quienes se aprovechan para simular responsabilidad. A costa de nuestra estabilidad económica y a costa de poner a muchas personas en una situación de vulnerabilidad, frente a cacicazgos locales o grupos armados que se aprovechan del hambre y la necesidad.

Es la realidad de Tala, pero también lo es de municipios de la zona metropolitana como Tlajomulco, donde compañeras activistas han sido hostigadas constantemente. No dudo que así sea en el resto del estado. La autoridad estatal espera que nuestro enojo, mayoritariamente económico y de falta de servicios, no lo señale como responsable. No es ético, pretender usar a las y los jaliscienses como moneda de cambio.

Sin duda, se requieren medidas menos coercitivas que sean sostenibles a largo plazo, que no sean reactivas e improvisadas como sucedió con los primeros 5 días de confinamiento o el cubrebocas de tela obligatorio. Aplicar una política que esté dirigida a reducir la probabilidad de contagio en personas vulnerables. Al final, el éxito en la disminución de la tasa de mortalidad dependerá del número de personas vulnerables que evite el contacto con el virus, antes de que lo porten el 60% de la población total, o se desarrolle la inmunidad colectiva. El confinamiento universal no es la opción a nuestra realidad, agrava la crisis económica y está acabando con el patrimonio, empleos y emprendimientos de millones de jaliscienses.

Es claro, falta un mayor peso de los expertos u organismos independientes en las decisiones públicas, pero sobre todo falta que nuestros gobiernos sean confiables, transparentes y eficientes. La consigna de las personas estará en no perder el dedo del renglón de aquello que padecemos más: Siguen desapareciendo personas, siguen apareciendo fosas, siguen ejecutando en las periferias, sigue al alza el número de feminicidios, siguen colonias padeciendo del vital líquido, siguen depredando el medio ambiente, siguen endeudando al estado. Si se quiere presumir responsabilidad habría que atender cada causa poniendo a las personas al centro de las decisiones.

Como sucedió en el terremoto que azotó a la Ciudad de México, el 19 de septiembre del 2017, y como ha sucedido casi siempre en México, será la solidaridad de las personas, será la empatía, será la organización y será la colectividad de nueva cuenta, la que nos sacará de nuestras crisis.

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Somos un proyecto de periodismo documental y de investigación cuyo epicentro se encuentra en Guadalajara, Jalisco.

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