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Qué transa, carnal, me dijo un valedor que lo mataron, a golpes

Qué transa, carnal, me dijo un valedor que lo mataron, a golpes

En la vida he asistido a muchos funerales, algunos duelen más que otros. Me dirijo a unas cuadras de mi casa,  en la misma colonia. “¿Qué le pasó al Área?», pregunto.  «Lo mataron los polis», dicen. El Área o Jerry. Así te decimos desde siempre a ti, Carlos Andrés Navarro Landa

Texto y fotos: Ehécatl Ríos

Cruzo el pasillo estrecho que lleva a la sala de tu casa; y ahí, en el centro está tu ataúd. Cirios alrededor. Me enfrento a tu rostro a través de la vitrina; tienes el rictus de alguien que no está descansando. Se te alcanzan a ver los golpes en la cabeza, aun con el maquillaje. Me despido, salgo de la casa, donde hace  unas horas patrullas estatales rondaban con sus torretas encendidas, se  detenían, como en las viejas prácticas duartistas, cuando la intimidación estaba a flor de piel. Era el pan de cada día.

Apenas salgo me enseñan un video. Ahí te veo.

Todos lo vieron

«¡Me quieren secuestrar!», gritas. Estás en el fraccionamiento Cántaros, de Xalapa. Sostienes en tus manos un objeto a modo de defensa. Alrededor, una docena de policías te rodean, y sólo puedes gritar: «¡Suban a las redes sociales!». Dos policías te taclean, un policía  con un tubo se acerca y te golpea; otro indica con las manos que dejen de grabar, se corta el video, te llevan al cuartel de San José, de donde no saldrás con vida. Un paro cardíaco fulminante, dicen. Las fotos que me muestran donde tu rostro inerte está lleno de sangre no son tomadas en cuenta como indicio determinante de lo que hicieron.

Al salir de tu casa veo a  tu madre hablando con un abogado. Ellos explican que los documentos entregados afirman que tu muerte fue resultado de un paro cardíaco. En la esquina de tu cuadra, veo una camioneta estacionada y varias personas, algunas sobre colchonetas, muchos con cubrebocas; son rostros conocidos. Te dedicabas a la serigrafía hace años, hacías rap, vendías y patrocinabas a otros raperos locales con tu trabajo, playeras estampadas y vinilos para vehículos.

Le muestran a tu madre una foto de tu cuerpo tendido, golpes visibles en el rostro, en el cráneo. El abogado pregunta:  «¿Tenía hijos?”. «Sí,  cinco.» Entre ellos un bebé de 15 días. El abogado indica el procedimiento: ir a la fiscalía, denunciar ante derechos humanos, agrega que sin la necropsia que determine por un especialista la causa de muerte será muy difícil sostener un caso en contra de los policías.

Impunidad

En este país, en esta entidad, es prácticamente insostenible un caso contra ellos. Determinar si la causa de tu muerte fue por los golpes puede ser imposible bajo las trabas eternas del peso de la burocracia. Parece un grito ahogado este texto, que busca un poco de justicia. Bajo estas circunstancias es prácticamente imposible llevar a los elementos que representan la justicia, ante la justicia. Y llegara a ocurrir, casi imposible demostrar que las contusiones fueron las causantes de tu muerte y no un paro fulminante. Es casi nula la probabilidad de que en ese caso se haga justicia.

Desde hace años me hablan de un periodismo neutro. Pero, ¿cómo ser neutro cuando te ciega el coraje y la impotencia de ver a un amigo muerto en este contexto?

Te conocí desde la primaria, somos del mismo barrio, después en la secundaria, los muchachos inquietos terminan por encontrarse y unirse, hacer comunidad, conformar un barrio.

Apenas te vi el domingo antepasado, ibas caminando sobre Lázaro Cárdenas enfrente de plaza urban. Me saludaste con una sonrisa, yo llevaba la cámara; tú ibas con con tu hijo, me platicaste una anécdota vivida, y después nos despedimos.

Volteas a verme con una sonrisa, no apunto mi cámara, solo te veo alejarte.

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