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En la lucha por los derechos es necesario combatir los discursos de odio que justifican la violencia y la desigualdad

En la lucha por los derechos es necesario combatir los discursos de odio que justifican la violencia y la desigualdad

El discurso de odio es un fenómeno que dista de la libertad de expresión y según la Red Sin Odio, justifica la violencia y la desigualdad contra grupos de personas que históricamente han sido vulnerados, como: las mujeres, personas migrantes, jóvenes, integrantes de pueblos indígenas, afrodescendientes y de la comunidad LGBTTTIQ+.

Este sábado 1 de agosto, la Red Sin Odio invita a la charla virtual “¿Qué es y cómo combatir el discurso de odio?” para discutir cómo los mensajes agresivos que niegan los derechos humanos afectan la vida de las personas y qué estrategias usar para luchar contra ese odio sin más odio.

Por Ximena Torres / @ximena_tra

Ilustraciones: Movimiento Frente al Discurso de Odio y Red Sin Odio

En la búsqueda de espacios seguros y libres de discriminación para todos y todas, el combate contra discursos violentos es igual de importante que erradicar la violencia física. Y es que, según la organización no gubernamental (ONG), Red Sin Odio, los mensajes que niegan y agreden los derechos de las personas no se quedan en el plano simbólico, sino que justifican la desigualdad y otras condiciones que vulneran la vida.

La Red define un discurso de odio como un conjunto de ideas violentas que agreden a colectivos históricamente vulnerados, excluidos y discriminados. A diferencia de las expresiones agresivas aisladas que se pueden generar cuando dos personas no están de acuerdo, los discursos de odio son constantes en su manifestación, y están representados por un grupo de individuos con una agenda política que busca cambiar la realidad, a pesar de que eso perjudique a otros y otras.

Eso no significa que las expresiones agresivas no sean importantes, pues como lo explica Emmanuel Méndez, coordinador de educación de la Red Sin Odio, estas pueden ser politizadas por los grupos “antiderechos” para abonar a sus discursos. Sin embargo, la Red considera que lo más importante es reconocer las narrativas sociales que dan sentido a los discursos de odio y expresiones agresivas:

“Si hablando de feminicidios yo digo algo como “las matan por como visten”, esa es una expresión de odio y agresiva. Se convierte en discurso de odio cuando hay una organización y masificación de ciertos grupos de personas que generan acuerdo en ese mismo tema. Y la narrativa social en este caso es el machismo y el sexismo porque, aunque las personas no lo aceptan, ese es el corazón de su mensaje”, explica Emmanuel Méndez sobre tres de los conceptos con los que señalan el odio en la Red.

Si bien en la actualidad es común encontrar discursos de odio en las redes sociales, estos no nacieron en internet, pues algunas narrativas como el clasismo y racismo se mantienen desde la época colonial en México. Además, estos conjuntos de ideas cargados de odio se encuentran en diferentes espacios físicos e instituciones sociales.

Emmanuel Méndez pone como ejemplo los currículos y libros escolares que invisibilizan a los pueblos indígenas, a la comunidad LBGTTTIQ+ y representan a las mujeres con los roles de género impuestos por la sociedad. En esos casos el odio no es explícito, pero la falta de referentes fortalece la opresión y pueden generar más exclusión, sexismo y racismo.

“De la Alemania nazi y el Ku Klux Klan en Estados Unidos, a Bosnia en los noventa y el genocidio de Ruanda en 1994, se han empleado expresiones de odio para acosar, perseguir o justificar privaciones de los derechos humanos y, en su máximo extremo, para racionalizar el asesinato” dice la Organización de los Estados Americanos (OEA) para señalar otros ejemplos históricos.

En la escala individual, el discurso de odio puede provocar daños físicos, mentales, emocionales e incluso cobrar vidas. Asimismo, la Red explica que los ataques dirigidos a una persona generalizan la discriminación debido a un fenómeno que la antropóloga feminista, Rita Segato, llama “violencia expresiva”. Eso significa que cuando alguien ataca a un individuo, al mismo tiempo está enviando un mensaje en contra de otras personas del mismo grupo que la víctima.

Por eso, la ONG se ha dedicado a estudiar la relación que los contenidos, frases y dichos violentos tienen con conflictividades latentes. Su diagnóstico muestra que, en México algunas situaciones como la desaparición forzada y la violencia de género se justifican como condiciones de “jóvenes revoltosos” y “mujeres que no debían estar donde estaban”.

En lo comunitario, el discurso de odio es capaz de entregar puestos de poder político a personas que sostienen expresiones discriminatorias, como Donald Trump en Estados Unidos contra las personas migrantes y Jair Bolsonaro en Brasil contra la comunidad LGBTTTIQ+. Ellos, como representantes de naciones enteras y con un equipo de funcionarios que los respalda, obtienen poder para tomar decisiones jurídicas y económicas en contra de los derechos de algunas personas.

Los discursos de odio y la libertad de expresión

La Convención Americana de Sobre Derechos Humanos de la OEA señala en su artículo 13 que:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras”.

Sin embargo, la Convención también explica que, las expresiones de odio quedan al margen de la libertad de expresión, ya que, el mismo el artículo señala que está prohibida “toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituye incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas”.

Ante este panorama, la Red Sin Odio advierte que, entre sus estrategias para combatir los discursos de odio, no está silenciar a las personas que los promueven, sino generar contrapesos suficientes con información real, educativa y accesible para todos y todas.

De esa forma las personas que están en la “zona gris” o que no tienen una postura clara sobre los debates sociales, pueden formar opiniones y criterios a favor de los derechos humanos en lugar de convertirse en agentes de odio.

Además, los grupos ultraconservadores, fascistas o radicales tienen una gran organización y mucho poder, por lo que eliminar una de sus redes de odio puede generar el surgimiento de una nueva con mayor poder, o como lo dice el coordinador de educación de la Red, “trasladarse a lugares donde es más difícil combatirla como la “Internet profunda”.

El discurso de odio en México y Jalisco

Entre 2017 y 2018 la Red Sin Odio hizo una investigación en la que resaltó cuatro agendas de odio en México que generaban mayor preocupación por la abundancia de su contenido.

Entre ellas se encontraba la agenda de género, entendida como el discurso de odio contra las mujeres feministas. Después, estaba la agenda racista en contra de personas migrantes, poblaciones indígenas y afromexicanas, seguida por el odio hacia la comunidad LGBTTTIQ+.

La cuarta agenda, aunque no era tan visible como las demás, tenía que ver con el odio hacia los y las jóvenes y se manifestaba a través de la criminalización de la protesta social y la restricción de oportunidades por su supuesta falta de experiencia.

En 2019, el mismo diagnóstico se realizó entre la población de Jalisco y resultó que las cuatro agendas eran muy vigentes, pero a diferencia de otras partes del país, estaban respaldadas por el conservadurismo religioso y el desconocimiento de derechos:

“En Jalisco, a menudo tiene una relación con una circunstancia de defensa de valores y familia tradicional. El odio es muy implícito y muy cuidado, porque los grupos organizados argumentan que no están haciendo ningún mal, sino de que están haciendo un bien que implica ciertas repercusiones”, explica Emmanuel Méndez.

¿Cómo combatir el discurso de odio?

Para combatir el discurso de odio la Red Sin Odio sugiere dos estrategias que han denominado como: “contra narrativas” y “narrativas alternas”.

Las contra narrativas usualmente se emplean como defensa ante los ataques violentos. Consisten en una respuesta informada que no busca caer en provocaciones, ni se da durante una confrontación directa, sino que genera materiales educativos, videos y recaba testimonios para ser con contrapeso a los discursos y expresiones que vulneran a ciertos grupos:

“Muchas veces la agenda antiderechos se desmorona por su propio peso. Si te pones a conversar con estas personas, después de un rato se desbarata totalmente su discurso porque son discursos muy masivos, muy organizados, pero cuyo valor técnico y teórico es vacío. No tiene pruebas ni tienen fundamentos” dice el coordinador de educación de la Red.

Por otro lado, las “narrativas alternas” funcionan para dar mayor visibilidad social porque no se enfocan en los discursos de odio que algunos agentes promueven, sino en la información que todas y todos deben saber sobre los derechos de las personas.

Estas y otras estrategias para combatir el odio sin más odio se discutirán más a profundidad el sábado 1 de agosto durante la Charla de Café virtual “¿Qué es el discurso de odio y cómo combatirlo?”. En ella participarán Emmanuel Méndez, Omar Ojeda y Ruth Dávila integrantes de la Red. La transmisión se hará a las 20:00 horas de la Ciudad de México y a través de un Facebook Live desde el perfil Red Sin Odio.

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