El cuidado que no vemos de cara al Covid

26 enero, 2021

Intersecciones

Por Érika Loyo Beristáin / @ErikaLoyoB 

A raíz de la Pandemia del Covid-19 hemos escuchado hablar mucho de la importancia del Cuidado y de la corresponsabilidad del mismo. Los escenarios marcados por diversas organizaciones internacionales como la CEPAL y OXFAM señalan que la Pandemia presente, también ha representado un exacerbamiento de la crisis del cuidado en los hogares, con una carga especial sobre las mujeres aún sin posibilidad de contabilizar y calcular sus costos. 

Para hablar del cuidado, resulta imprescindible referir a una de las más grandes estudiosas del tema, Joan Tronto. Para ella, el cuidado no es solo una actividad que implica disposición moral, sino también un modo de hablar y pensar el mundo.

Conceptualmente, el cuidado implica una dificultad enorme dado que refiere una relación entre cuidado emocional y no emocional (naturaleza discursiva del cuidado), relaciones entre cuidado y servicio, así como relaciones de interseccionalidad y poder. El gran consenso entre quienes estudian el cuidado, es señalar que éste, requiere de una nueva forma de organización en las sociedades humanas porque es un bien público y un derecho que se prolonga con el tiempo en donde todas y todos tendríamos que tener derecho a cuidar, ser cuidados y autocuidarnos. 

Existen diferentes perspectivas y enfoques para hablar y estudiar el cuidado. Cuando se habla de la llamada economía del cuidado, nos referimos a temas y espacios muy amplios que consideran al cuidado no solo bajo la lógica del mercado, de un Estado o de un régimen político, sino también bajo al menos dos ópticas: a) el buen trabajo de cuidado, como educar y atender a las y los menores de edad; y b) el mal trabajo de cuidado que se asocia a aquellos trabajos de cuidado que pocas personas hacen y que se enfoca en la vejez y la enfermedad.

La primera refiere en muchas ocasiones a una visión romántica que al mismo tiempo, ha recaído históricamente sobre las mujeres aumentando su carga laboral y de salud; la segunda a una lógica de mercado y que se ha llevado hasta hoy, bajo una visión neoliberal de corto plazo y sin un diseño institucional claro y sólido. 

Según Moliniere, cuando hablamos del cuidado a partir de una visión de servicio, tenemos que referir también una dimensión de poder y de calidad moral del trabajo, lo cual implica hablar y visibilizar a quienes hacen el llamado “trabajo sucio de cuidados”, aquél que todos ven pero que pocos quieren hacer y que además, se encuentra muy precarizado y sostenido en las desigualdades.

Algunos otros trabajos de investigación en torno al cuidado realizados desde la visión epidemiológica, refieren que el “trabajo sucio de cuidados” implica una exposición a peligros mayores en los que intervienen cadenas de cuidado global que degradan el cuidado desde una visión laboral y de derechos.

La gran socióloga española María Ángeles Durán ha señalado que en el trabajo de cuidados sucio, está lo que ella llama el cuidado de la parte “que pocos quieren hacer” y que se enfoca en los adultos mayores, la limpieza de los hogares y el mantenimiento de clínicas y hospitales (por mencionar algunos). Señala que el “cuidador base” del llamado “cuidatorio” (como clase con dimensiones sociológicas y políticas) implica hablar del trabajo en sociedades envejecidas con trabajadorxs que tienen condiciones pésimas de trabajo en cuanto a sus jornadas y horarios, prestaciones y paga. 

El llamado “trabajo sucio de cuidados” ha sido vital y muy poco reconocido durante esta Pandemia. A lo largo de todos estos meses de crisis y enfermedad, ha resultado vital hablar y dar calidad de “héroes y heroínas” (bien merecida) a los médicos, médicas, y enfermerxs que llevan meses enteros cuidado de nuestra salud y bienestar. No obstante, poco se habla de quienes están al lado de ellas y ellos y que también enfrentan al Covid 19 sin que sepamos cuántos son, ni cuáles son las condiciones laborales, de seguridad y sanidad que han enfrentado; menos cuántos de ellos y ellas han enfermado o muerto por haber contraído Covid.

Me refiero a quienes, de acuerdo a esta perspectiva del trabajo de cuidados mencionada anteriormente, hacen el trabajo sucio en las clínicas y hospitales de nuestro país y de nuestra ciudad: quienes limpian, preparan alimentos y mantienen las instalaciones sanitarias en buen estado.  

En una revisión por el portal de empleo indeed, podemos darnos cuenta de las condiciones laborales de esta clase trabajadora invisibilizada. Las ofertas laborales de este portal y que corresponden solo a hospitales y clínicas privadas, implican un trabajo de seis días a la semana con solo un día de descanso así como prestaciones de ley variables sin acceso a utilidades. En todos los casos solicitan un mínimo de educación primaria y máximo de secundaria.

De acuerdo al análisis realizado, un Auxiliar de Limpieza gana entre cinco y siete mil pesos al mes. Un Intendente podría ganar entre cuatro a cinco mil 500 pesos al mes. Un Camillero entre cinco y seis mil pesos, una persona Auxiliar de cocina 5 mil 800 en promedio y una persona Cocinera de seis a nueve mil pesos.

Estos trabajos refieren a personas que realizan todos los días la limpieza de las clínicas y hospitales, personas que también se exponen a un contagio y que se encargan de que todo lo demás funcione correctamente. Sin ellas, nadie más puede hacer bien sus labores cotidianas en condiciones de higiene necesarias e imprescindibles. Visibilizarlos es vital e importante porque ellas y ellos son quienes trabajan en la base de la cadena de cuidados hospitalaria y al igual que muchas médicas, médicos, enfermeras y enfermeros; se encuentran en estos momentos viviendo riesgos cotidianos exponenciales de contraer enfermedades. 

Joan Tronto señala que para caminar y construir una democracia del cuidado, tendríamos que dejar de hablar del buen y mal cuidado a partir de la precarización y el olvido de las personas, colocando al cuidado como un eje central y parte de un círculo virtuoso en donde analicemos la naturaleza de las necesidades de las personas desde diferentes perspectivas sobre una base de solidaridad y confianza. Se antoja difícil que en estos momentos, podamos caminar hacia una democracia del cuidado o una democracia cuidadora equilibrada, justa y responsable; pero podríamos comenzar por nombrar a quienes no se ven y que también nos cuidan.

Escribo este artículo como homenaje a los intendentes, los auxiliares de limpieza o de cocina, los camilleros y las personas cocineras (entre muchas otras) que todos los días también se exponen al virus y que son parte de mantener limpias nuestras esperanzas.

Escribo pensando en que quienes les contratan puedan mejorar sus condiciones laborales pensando su labor como parte de un trabajo de cuidados y no como un empleo de limpieza. Ellas y ellos que son la base de la cadena de cuidados, requieren que nosotros como sociedad, hagamos un mejor esfuerzo por dignificar su labor.

¡A todas y todos ellos gracias!

Comparte

0 comentarios

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Intersecciones

Erika Loyo Beristáin Doctora en Ciencias Sociales, Profesor de Tiempo completo del SUV UdG y actualmente Jefa del Centro de Formación en Periodismo Digital. También es Profesora de Cátedra del Tec de Monterrey Campus Guadalajara y miembra del INCIUDADES de la UdG y la Red Tragevic de Iberoamérica.

Quizás también te interese leer