Botarlos a todos

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

En el momento en que escribo estas líneas, falta exactamente un mes para la jornada electoral del próximo 6 de junio. Se acerca la recta final de las campañas de las y los candidatos que aspiran a obtener un puesto de elección popular y, como cada tres años, hemos visto desfilar los mismos despropósitos: quienes aspiran a ganar algo y forman parte del partido en el poder —sin importar el color que sea— aseguran que todo se está haciendo bien y prometen continuidad; sus opositores, en cambio, vociferan que todo está mal y prometen cambiar las cosas, como si la política del “borrón y cuenta nueva” no nos haya sumido durante demasiado tiempo en el estancamiento político y social.

Como siempre, las campañas están llenas de diagnósticos y de promesas: los del PAN prometen tener la solución para problemas que ya existían cuando ellos gobernaban y no sólo no solucionaron entonces, sino que perpetuaron; los del PRI afirman conocer el secreto del buen gobierno, como si no hayan sido sus malas administraciones las que los sacaron del poder; los candidatos de Morena repiten el discurso anticorrupción del presidente y se olvidan que su candidato en Guadalajara estuvo acusado de enriquecerse vendiendo medicinas a sobreprecio; por su parte, los de Movimiento Ciudadano se sienten cobijados por la sombra del elefante de peluche de la hija de Alfaro y repiten el sonsonete de “defender a Jalisco”, cuando de los únicos que deberían defender al estado es de ellos mismos.

En fin, que mientras se acerca la elección las y los ciudadanos hemos tenido en estos días la oportunidad de ver a las y los políticos hacer lo que bien saben hacer: ser miserables y demostrar que del ejercicio público pueden interesarles muchas cosas, como el dinero y el poder, pero nunca servir a la ciudadanía.

Luego del derrumbe de la línea 12 del Metro en Ciudad de México, hemos visto a un Marcelo Ebrard decir que está a disposición de las autoridades para que se investigue. Lo dice desde la impunidad que le concede su cargo como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores y precandidato presidencial desde hace muchos años —y quien crea que el desastre acabará con sus aspiraciones, o es un cándido o es abiertamente imbécil. Lo mismo aplica para Claudia Sheinbaum, para quien la tragedia fue un “incidente” (¿leyeron la acertada reflexión de Salvador Camarena sobre el uso de este término en el contexto de la tragedia?) y que no ha sido buena para destituir a nadie. Las vidas son lo de menos, y las afectaciones a los trabajadores, también: en el gobierno de la 4T el sol sale para todos y ahí tienen a su panda de corifeos para reclamar a quien quiera exigir justicia, señalando con dedo flamígero y acusando de querer politizar la tragedia, como si ellos no hubieran hecho lo mismo durante años.

Mientras todo esto ocurre, vimos la caer al impresentable Félix Salgado Macedonio, que no será gobernador de título pero lo será de facto: más tardaron en quitarle la candidatura que en nombrar a su hija como su sustituta, aunque para ello hubiera de pasar por encima ya no digamos de la ley electoral, sino de los mismos estatutos de Morena. ¿Cómo iba a jurar cumplir y hacer cumplir la ley en Guerrero si ni siquiera es capaz de cumplir el estatuto de su partido? Ah, pero eso sí, ya lo vimos despotricar libremente contra el Instituto Nacional Electoral y amenazar por igual al instituto y a su titular, Lorenzo Córdoba.

En Jalisco las cosas no están mejor.

Para empezar, basta ver cómo al gobierno de Enrique Alfaro la gente le tiene sin cuidado, hecho que queda en evidencia al constatar la indolencia en la que ha transcurrido la segunda jornada de vacunación de adultos mayores. Con tal de seguir su pataleta con el gobierno federal, sigue midiéndose con López Obrador mientras la gente se deshidrata esperando.

Por otro lado, hace unos días vimos a la madre de Pablo Lemus amenazar a la periodista Gloria Reza con mandar a la policía y al equipo de campaña de su hijo para que la golpeara. “Llamo y lo pido”, escribió la mujer. Ni tardo ni perezoso, Pablo Lemus salió a pedir comprensión para su madre, quien, dijo, padece demencia senil. Hay que cuidar los votos a como dé lugar, así sea renunciando a la madre de uno. Si de paso se puede crear un precedente de incapacidad mental para usar en un juicio, pues mucho mejor, ¿no? Recordemos que la mira de Lemus está puesta más allá de Guadalajara, estación de paso obligatorio rumbo a la gubernatura estatal.

El próximo 6 de julio la boleta va a estar llena de despropósitos. ¿El que me parece más escandaloso? Que para cada alcaldía metropolitana haya 13 candidatas y candidatos, 13 figuras completamente intrascendentes. He tenido oportunidad de presenciar tres mesas kilométricas con aspirantes para Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque. Exceso de diagnósticos, falta de propuestas concretas y ausencia de cómo hacer las cosas. Aquí y allá prometen fondos, estímulos, fideicomisos, nuevos institutos, actualizaciones tecnológicas, pero nadie dice de dónde van a salir los recursos. Todos hablan de su municipio como si fueran células aisladas y sus problemas no estuvieran vinculados a los de toda la zona metropolitana. En ninguna de las comparecencias, ni en ningún otro espacio, les he visto a hablar de cómo van a tender puentes con sus vecinos. ¿Qué pasaría si en Guadalajara, por algún accidente del destino, llegara a ganar Carlos Lomelí, conociendo el pleito ridículo e infantil que hay entre Enrique Alfaro y el gobierno federal? ¿Qué va a hacer el inmaduro gobernador sin un gobierno municipal a modo como el que ha tenido con Ismael del Toro y como el que imagina tendrá con Pablo Lemus?

Lamentablemente, las opciones que tenemos como ciudadanos son nulas. Así todos los inconformes votáramos nulo o nos abstuviéramos de participar en el teatro, ellos van a seguir en su fiesta particular porque para eso tienen hartos achichincles y suficientes alcahuetes, basta asomarse a un crucero para constatarlo. Ojalá llegue pronto el día en que en lugar de salir a votar, podamos salir a botarlos a todos, para que desaparezcan de la vida pública de una vez y para siempre.

P.S.

¿Alguien se acuerda de los días en que Enrique Alfaro fanfarroneaba con que a mitad de su administración se sometería a la ratificación de mandato? Si alguien se acuerda, ojalá se recuerde, porque a él ya se le olvidó. Pero sí anda muy pedidor de opiniones sobre el pacto federalista. Vaya cosa.

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La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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