¿Cómo sería un mundo regido por el cuidado colectivo y no por el dinero?

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El Colectivo de Cuidados plantea la importancia de extender el entendimiento del cuidado: no es sólo cuidar a otra persona, sino un cuidado universal, entendido como una práctica de lo necesario para el bienestar de la vida humana. Llaman a no caer en el autocuidado como un principio egoísta

Por Daniela Rea / Pie de Página

Fotos: Dominik Lange y Matheus Ferrero / Unsplash

¿Cómo se vería el mundo si el principio de la organización fuera el cuidado y no el dinero? Catherine Rottenberg lanza esa pregunta durante la presentación del libro El manifiesto de los cuidados, del Colectivo de Cuidados, formado por Andreas Chatzidakis, Jamie Hakim, Jo Littler, Catherine Rottenberg y Lynne Segal.

La pregunta abre un universo, amplía la posibilidad de pensarnos como sociedad, de imaginar mundos habitables, dignos para todas las personas.

“Generar un mundo del cuidado comienza por reconocer que nuestra misma sobrevivencia, florecimiento, siempre está dependiendo de los demás. Generar alternativas de cuidado en estas políticas de descuido requiere que reconozcamos nuestra interdependencia”, dijo Catherine Rottenberg en la presentación organizada por el Programa de Género e Inclusión de la Universidad Iberoamericana.

En su trabajo de investigación, el Colectivo de Cuidados hizo un diagnóstico de la interconexión que hay en el descuido y planteó la importancia de extender el entendimiento del cuidado, que no es sólo cuidar a otra persona, sino un cuidado universal, entendido como una práctica de lo que es necesario para el bienestar de la vida humana y no humana.

Lynne Segal, otra de las autoras e integrante del Colectivo de Cuidados, señaló que estamos amenazados por la cultura del descuido, pues hemos desvirtuado en demasía al cuidado.

“El cuidado siempre ha sido descalificado porque sigue siendo considerado como trabajo de las mujeres. El cuidado siempre ha sido muy de género y por eso se desvirtúa. El trabajo del cuidado es desvirtuado, devaluado y repudiado.

“La hombría simbólica siempre vista como la antítesis de la dependencia, lo único que se valora es el autocuidado, yo yo yo. Se patologiza la dependencia y eso genera que no haya presupuesto público para ello”, señaló.

“El cuidado es algo que los pobres siempre han tenido que hacer, los hemos obligado a que lo hagan, mientras que los ricos nos hemos evadido y no tener que cuidar es un símbolo de estatus, entre más gente que me cuide a mí más símbolo del poder”.

Las personas asocian al cuidado con las familias y, afirmó Lynne Segal, tenemos que aumentar esa visión, pues los cuidados abarcan cualquier espacio de la vida pública.

Las autoras del colectivo trajeron a la mesa el dicho de Margaret Tatcher quien decía: “No hay algo así como la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias”, para cuestionar cómo en las últimas décadas el neoliberalismo ha movido el cuidado a espacios individuales, resilientes, de autocuidado.

“En la actualidad por las acciones laborales la gente no tiene tiempo de ofrecer cuidado a la gente que tiene cerca, olvídate de los que están más lejanos y que necesitan más cuidado.

“Margaret Tatcher decía que está mal depender, y no, no está mal, hay que hacer lo contrario. Aceptar que somos dependientes de otros. Todos necesitamos dar cuidado y recibir cuidado para sostenernos. Para que nos ayude a que podamos confrontar nuestros miedos de la fragilidad humana en lugar de esconderlos, embarrárselos a otros que llamamos dependientes”, dijo Lynne.

Jo Litter, también presente en la conversación sobre el manifiesto, convocó a generar comunidades de cuidado, estar al mando del placer, no fascista, no capitalista, no neoliberal.

Andreas Chatzidakis planteó que hay que “desmarketizar” las acciones de cuidado, no dejar que las acciones de cuidado sean bienes, como cuando Amazon acaba sus relaciones con empresas que “no cuidan” a sus trabajadores.

“Los mercados, guiados por la lógica del capital, acumulación de capital. Hay que pensar que hay otros modelos de cuidado más ecológicos, alternativas que se dan de otras formas: cooperativas, nacionalizaciones, asociaciones público privadas”.

¿Autocuidado?

En la mesa se problematizó alrededor del autocuidado. Lynne Segal planteó que desde el pensamiento neoliberal el cuidado es individual: “que no te importen los demás, tú cuídate si tienes tiempo y recursos”.

Por su parte Catherine Rottenberg planteó que el autocuidado está mal entendido y que tiene que transformarse para que no siga usándose para justificar la desigualdad, la violencia.

“El autocuidado es lo que manipulan con todo esto de desarrollo personal. Regresemos al feminismo negro y por qué surgió el autocuidado como un acto radical, pero no caigamos en la parte del autocuidado como individualista, egoísta. Siempre estamos en interdependencia, siempre estamos en relaciones. No es que estemos en contra del autocuidado, pero hay que verlo más en términos políticos. El autocuidado ha sido fetichizado, mucho”.

Foto: Matheus Ferrero / Unsplash

Somos vulnerables

María Teresa Martín, académica y especialista en cuidados, también participó en los “Diálogos de saberes sobre cuidados, paz y sostenibilidad de la vida”, evento dentro del cual se presentó el El Manifiesto de los cuidado, y habló sobre la vulnerabilidad como algo inherente a la condición humana.

“Considerar la vulnerabilidad y las interdependencias que conlleva tiene implicaciones políticas. Si todas las personas somos vulnerables, todas tenemos necesidad de cuidados”.

Interpeló por el derecho a recibir un cuidado de dignidad y el derecho a prestar un cuidado en condiciones de dignidad y reconocimiento.

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Este texto fue publicado originalmente en Pie de Página:

 

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