Agua que no has de tener…

La calle del Turco

Por Édgar Velasco / @Turcoviejo

Desde que tengo uso de razón… bueno, mejor dicho: desde que tengo (mala) memoria —porque la razón no la tengo y cuando la tengo no la uso— durante Semana Santa “se va” el agua en Guadalajara: dicho de otro modo, todo mundo sabe que un poco por la temporada de secas, otro poco para aprovechar el asueto y dar mantenimiento, otro mucho por escasez, esa semana es el banderazo para la temporada en que se corta el suministro de agua, en una dinámica que incluso tiene nombre propio: tandeos. Sabiendo que cada año hay tandeos y que cada año anunciaban a cuáles colonias les tocaba, la ciudadanía se prevenía como Tláloc le daba a entender: llenaba aljibes, cisternas y tinacos, los que tienen; cubetas y todo tipo de botes, los que no, y también los que sí, para satisfacer necesidades básicas de higiene —lavar trastes, echarle agua al baño, asearse— durante el corte de agua.

Así había sido siempre. Hasta este año: cuando todos estábamos listos para el corte de agua y los posteriores tandeos, el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) salió a anunciar que este año no iba a haber corte al suministro de agua durante la Semana Santa. De los tandeos, obvia decirlo, no se mencionó una sola palabra.

La medida resultaba sospechosa… o no tanto: las campañas para las elecciones del 2 de junio ya habían comenzado y el del agua, y la falta de ella, es un tema muy sensible. Además, unos días antes del inicio de las campañas Enrique Alfaro salió a hacer eso que tanto le gusta: el gobernador publicó en redes sociales un video con un mensaje en el que anunciaba que “hoy garantizamos el abasto de agua para la ciudad por los próximos 50 años y lo hicimos posible poniendo primero a Jalisco”.

¿Quién se iba a atrever a anunciar un corte al suministro, o peor aún, los malhadados tandeos si Enrique el Refundador ya había anunciado que había agua garantizada para la Nueva Jaliscia?

Pero como siempre pasa, y como le pasa sobre todo a Enrique Alfaro, la realidad iba a demostrar que una cosa es el mundo paralelo en el que viven las y los políticos del país y sus corifeos, y una muy otra, mucho más cruel, la que vive la ciudadanía.

Un vistazo a las redes sociales permite darse cuenta de que, aunque no los anunciaron, se están realizando cortes al suministro de agua en muchas colonias del área metropolitana de Guadalajara. Esto está tomando por sopresa a la ciudadanía, que no ha podido prevenirse como en años anteriores, quedándose en muchos casos sin agua para satisfacer las necesidades básicas.

Como todo lo que sale mal en el estado, esta situación, por supuesto, es culpa de alguien más y no de la mala administración alfarista, que todo lo hace bien. Fiel a su costumbre, el gobernador salió la semana pasada a anunciar que el megacorte de agua era culpa de los cortes de luz de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que habían “tronado” unos transfomadores. Además de acusar que había quien quería sacar “raja política” del hecho, Alfaro dijo que los trabajos de reparación ya se estaban realizando y que el suministro de agua regresaría a la normalidad en el transcurso del viernes 10 de mayo. El viernes se volvió sábado que se convirtió en domingo que de pronto ya era martes y los reportes por la falta de suministro seguían brotando a borbotones.

Pero no había nada qué temer: en las redes sociales del SIAPA se anunciaba que ya se estaba trabajando y que quienes así lo quisieran podían solicitar pipas vía telefónica. Los comentarios en las publicaciones sirven para enterarse de dos cosas: la primera, que los teléfonos nunca contestan, por lo que la gente sigue sin agua, y que hay reportes de colonias que ya tienen dos o tres o más semanas sin agua, es decir, que el corte comenzó antes de que las malvadas fallas eléctricas “tronaran” los transformadores para dañar a Jalisco. Ajenas a eso que el gobernador llama “raja política” e ignoradas por las líneas telefónicas del SIAPA, las personas han tenido que hacer maniobras desesperadas para conseguir agua. Supe de un Oxxo en el que se acabó toda el agua embotellada, por ejemplo.

Y si los recortes no anunciados son un dolor de cabeza, la calidad del agua que está saliendo por las tuberías de aquellos que sí están recibiendo el servicio es otro tema no menor. En redes sociales también abundan reportes y fotografías del agua sucia que sale de las tuberías. Justo por Semana Santa me tocó llenar dos cubetas de agua que parecía de tamarindo. Hagan ustedes la prueba: llenen una botella con el agua de la llave de paso y disfruten del serviciocortesía del SIAPA y después imaginen toda esa agua acumulada en tinacos, cisternas y aljibes.

La crisis climática y sus consecuencias nos cercan todos los días. Y no importa lo que digan las personas candidatas en campaña: a pesar de compromisos y de hacer documentos a costo millonario que ganan reconocimientos internacionales, el hecho es que las políticas públicas están dejando de lado la conservación ambiental, específicamente, en este caso, el cuidado del agua: el río Santiago sigue contaminado, las plantas de tratamiento siguen siendo insuficientes, el agua se sigue desperdiciando y las zonas de recarga de los mantos acuíferos siguen siendo cubiertas con concreto por un crecimiento voraz e insaciable, todo esto sumado a una prácticamente inexistente cultura del cuidado del agua, que nos toca a todas y todos.

Aunque el gobernador haya prometido agua para 50 años, lo cierto es que el vital líquido” escasea cada día más. La periodista Violeta Meléndez ha documentado cómo la intermitencia en el servicio puede ser resultado de los bajos niveles de agua en la presa Calderón, por ejemplo, y también ha informado de cómo los recortes de agua están ocurriendo desde antes de la mentada falla eléctrica.

Pero nada de esto parece importarle a quienes gobiernan, sin importar el color del membrete político que representen. Prueba de ello, el escándalo por el agua contaminada en Ciudad de México y el agua turbia de Guadalajara. La realidad que recibe la ciudadanía siempre es más turbia que la realidad de fantasía de la fauna política y sus campañas.

Otra prueba de esto la escuché hace unos días, cuando me topé con unas declaraciones de Enrique Alfaro en las que hacía una suerte de balance de su administración. Con Jalisco convertido en el estado número uno en personas desaparecidas, el gobernador dijo que la seguridad se encuentra en su mejor nivel, por ejemplo. Y respecto a su megalómana intención de refundar el estado, el emperador de la Nueva Jaliscia dijo:

Yo sí creo que refundamos Jalisco en muchísimos sentidos y puedo decir que estoy muy orgulloso del trabajo que hicimos estos seis años”.

Esa ya ni Pablo Lemus se la compra.

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La calle del Turco
La calle del Turco
Édgar Velasco Reprobó el curso propedéutico de Patafísica y eso lo ha llevado a trabajar como reportero, editor y colaborador freelance en diferentes medios. Actualmente es coeditor de la revista Magis. Es autor de los libros Fe de erratas (Paraíso Perdido, 2018), Ciudad y otros relatos (PP, 2014) y de la plaquette Eutanasia (PP, 2013). «La calle del Turco» se ha publicado en los diarios Público-Milenio y El Diario NTR Guadalajara.

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